mi amiga Shashira esta escribiendo un excelente fic de Draco y Hermione yo se los quiero recomendar, no se pierdan esta lectura en
http://alegriazul.blogspot.com/2009/07/el-contrato.html




aqui copie tal cual esta en el blog, mini resumen, prologo y 1er capitulo
o intenten

http://alegriazul.blogspot.com
Os voy a dejar el pequeño resumen que hice en fanfiction para presentar la historia y también el primer capítulo, que es más un prólogo que otra cosa. Es un Draco/Hermione, así que los que sean alérgicos a ésta pareja y sus Dramiones se abstenga de leer. Gracias ^^. Los que han sido valiente para continuar con esta líneas, ahí cuelgo el texto.

AVISO IMPORTANTE: CONTIENE SPOILERS DE HARRY POTTER

"Hay momentos en la vida en los que no te paras a pensar en las consecuencias de tus actos; en lo que sucedió, sucede y sucederá si tomas un camino que no es el indicado. Ese fue mi caso. Me llamo Hermione: Bienvenidos a mi infierno".

Novia por Contrato: Capítulo 1

Me llamo Hermione Jean Granger, y aunque vosotros no lo sepáis, mi vida es un completo desastre. Si, lo sé, suena bastante cruel ¿cierto? Sobretodo viniendo de un Premio Anual y prefecta de Hogwarts. Vale, acepto que puedo ser petulante hasta odiarme, pero en serio no os podéis imaginar cómo ha cambiado mi vida desde que salí de la escuela.

Bueno, intentaré explicarlo de forma concisa.

Después de que mi gran amigo Harry Potter acabara con Voldemort en mi séptimo año de escuela- al que nunca asistí, todo hay que decirlo-, mi nombre se hizo más que famoso alrededor del mundo mágico. Todos querían conocer a Hermione Granger, la sabelotodo insufrible miembro del trío dorado que había ayudado de forma activa a destronar al todopoderoso Tom Riddle.

Me presté a ello, sí señor, y contesté cada una de las preguntas que me hacían con agrado y satisfacción- más fingido que sentirlo, para qué negarlo-. Aquello duró toda la estación de estío. Luego de aquel verano ingresé de nuevo en Hogwarts para estudiar mi último año perdido durante mi “Gran Batalla” al lado de mis amigos.

Por su parte mi novio, Ron Wealsey, decidió ir a trabajar a la tienda de sus hermanos gemelos Fred y George en el Callejón Diagon. El primero había fallecido, y el segundo aún no se reponía de su ausencia. Sinceramente pienso que nunca lo hará. Después de tres años de idas y venidas, Ron y yo terminamos y él decidió convertirse en auror. Actualmente trabaja en el Ministerio como jefe de operaciones. Los fines de semana ayuda a George y Angelina en la tienda.

Harry Potter se negó en rotundo a volver a Hogwarts, y encaminó sus pasos hacia el departamento de aurores del Ministerio de Magia haciéndose en poco tiempo jefe de la sección ¿lógico eh?. Mantenía un serio romance con Ginny, -mi mejor amiga y cazadora de las Arpías de Holyhead, increíble ¿sí?-, y la verdad es que era una pareja bastante consolidada… pero ahora están separados debido a terceras personas. Uff, ya os la contaré más adelante en todo caso. Es una historia bastante larga.

Luna se convirtió en naturalista, observando animales raros por su cuenta en exploraciones financiadas por diferentes departamentos y revistas dedicadas a las criaturas mágicas. Se conoce el mundo de hito en hito, y pudo descubrir con cierta tristeza como la mayoría de los animales que su padre admiraba no existían en realidad. Luna sigue igual que siempre, en el País de Nunca Jamás, donde su mente flota rodeada de tulipanes y aretes en forma de zanahorias. No se casó, y al poco tiempo de la gran batalla se volvió vegetariana y adicta al tai chi. No me sorprendió demasiado, para qué mentir.

Neville Logbottom se casó con Hannah Abbot, una chica de Hufflepuff a la que ama con locura y que en la actualidad es tabernera del Caldero Chorreante. Mi amigo trabaja como profesor de Herbología en Hogwarts sustituyendo a la profesora Sprout. Este hecho tampoco me tomó por sorpresa.

Y llegados a este punto volvemos a mí, una servidora ¿dónde lo dejamos? Ah ya, en mi regreso a Hogwarts. Bien, después de terminar mi séptimo año y resultar elegida premio anual, mi siguiente meta impuesta fue hacerme con un hueco en el Ministerio de Magia y dedicarme en exclusiva a mi pasatiempo favorito: Leyes Mágicas. Pero el mundo es una mierda, y en vez de eso me mandaron a trabajar en el Departamento de regulación de Criaturas Mágicas, donde después de cuatro años y medio sigo todavía.

El mundo me volvió la espalda, y tal y como están las cosas, yo pienso volvérsela también; como diría mi gran amigo Timón: Hakuna Matata. Mi relación con Ron no prosperó, quizás porque no teníamos demasiada confianza y ésta, a veces, da asco. Después de aquella ruptura fui tan pura y casta como una monja, os lo prometo. Y por si no lo entendéis, me convertí en una mujer antihombre por excelencia. Lo sé, tampoco es para lanzar bengalas del Doctor Filisbuster.

Oh, ¡por Merlín! ¿Veis a esa chica que corre por las calles de Londres muggle, la que lleva una chaqueta beige, falda de tubo y tacones en tono chocolate que la tambalean de un lado a otro? ¿Sí? Bien, pues esa mujer con aspecto de mojigata empedernida, cabello castaño y mirada de espanto soy yo.

Es el día en el que mi vida se convirtió en una mierda de las grandes. Para qué mentir. Así que comenzaremos a relatar por el principio de los tiempos.

Luces, cámaras… ¡desastre!

**

Llegaba tarde a mi cita matutina en la cafetería Sookie. Los transeúntes se apartaban a mi paso, seguramente intimidados por la mirada fulminante que les dirigía. Cuando por fin vi al otro lado de la calle el establecimiento con geranios en sus ventanales y aquel toldo en rojo con raya blancas, pude respirar por fin. Sentía la camisa pegada a mi espalda, y me enjugué el sudor que resbalaba por mi frente antes de decidirme a cruzar. Como cada mañana las campanitas de la entrada tintinearon alegremente cuando crucé el umbral del establecimiento. Mis ojos marrones inspeccionaron el lugar, hasta dar con una mano pálida que me hacía señas desde una mesa situada en un área luminosa a poca distancia de los ventanales.

- ¡Por fin llegas! ¡Ya creía que te había tragado un Melfiatuns de Inglaterra, no sabes lo voraces que son en ésta época del año!- llevaba el pelo largo rubio recogido en una sencilla coleta. Sus ojos, azules como siempre, me envolvieron en aquella aura sobrenatural en la que se hallaba su mente constantemente. Bienvenidos a Nunca Jamás.

- Lo siento Luna, pero el despertador no sonó a tiempo - me senté a su lado, aún sofocada por la carrera - Ya sabes que es imposible aparecerse en pleno centro de la ciudad a hora punta, así que lo hice lo más cerca que pude y vine tan pronto como mis pies me permitieron.

Luna Lovegood se encogió de hombros y apartó con gracia un mechón castaño de mi rostro, regalándome una sonrisa perdida en recuerdos. Llevaba un vestido celeste, zapatos planos y sus eternos aretes en forma de zanahoria. Hay cosas que nunca cambian.

- A mí no me tienes que dar explicaciones - alzó el dedo índice, señalando a mi espalda - Pero ella no ha parado de maldecirte desde que apareció.

Me di la vuelta, y mis ojos se enfrentaron a un rostro extremadamente bello en forma de corazón. Sus ojos claros destilaban autosuficiencia, altanería. Los labios carnosos sumidos en un rictus serio maquillados de un rojo intenso, pero aún así elegante, como todo en su persona; desde su cabello negro capeado hasta aquel conjunto escarlata de alta costura.

- Pequeña sabelotodo, no pienso esperarte nunca más ¿entendiste? - fui a hablar, pero una mano de ella me lo impidió - Cállate y pide el desayuno, que muero de hambre.

Le hizo señas al camarero, que se prestó a venir solícito con pequeños saltitos, dedicándonos una sonrisa bobalicona que todo hombre reflejaba cada vez que en su camino se cruzaba la figura aristócrata y autoritaria de Pansy Parkinson.

- Capuccino con macedonia de frutas para mí ¡y más vale que te acuerdes de echar la crema de leche y el cacao o no respondo! - era mi compañera de trabajo, una de mis mejores amigas desde que empecé en el Ministerio, pero tenía que admitir que a veces tenerla cerca daba pánico - como cuando íbamos a Hogwarts y no paraba de insultarme, por ejemplo-. Sus ojos azules se posaron en mí - ¿Hermione, café y tostadas como siempre?

Asentí - y quién no lo haría en esas condiciones- ofreciendo una mueca condescendiente al muchacho que nos atendía, al que se le notaba a la perfección su tembleque. Lo vi escribir en una pequeña libreta, esperando la decisión de Luna.

- Tortitas con sirope de arce y zumo de naranja natural, por favor.

- Para mí leche sola y tostadas con mermelada - al escuchar esa voz familiar todas giramos la cabeza de forma automática, encontrándonos con el rostro pecoso y el cabello rojo fuego de la gran cazadora estrella de las Arpías de Holyhead.

- ¡Ginny estás de vuelta! - exclamó Luna, mientras el camarero se retiraba hacia la barra para encargar el pedido - ¿Qué tal te fue por Francia en el partido amistoso con el Saint Germain? Escuché por la radio que le disteis una soberana paliza ¡felicidades!

Ginny se sentó a su lado, con Luna todavía expectante. Vestía con vaqueros, jersey de hilo verde y el pelo recogido en un estirado moño con ayuda de un palito. Pansy sacó su pitillera del bolso y encendió un cigarrillo de importación con aroma a vainilla.

- Ese equipo no vale un knut, por eso quedaron fuera de la liga francesa y la Eurocopa mágica… Que por cierto, es dentro de un par de semanas ¿cómo lo llevas? - Pansy cruzaba las piernas una y otra vez, un gesto que en ella siempre quedaba sensual. Una Mata Hari mágica, vaya.

- Bien, estamos entrenando duro y creo que podremos rebatirle el título a los Tornados este año - Ginny frunció el ceño, con sus ojos marrones brillando burlones - ¿Desde cuando te interesa el quidditch, Pansy?

La morena hizo un gesto con la mano, dando otra calada a su pitillo, con los ojos azules entornados por el humo.

- Me acosté con el capitán de los Chuddley Cannons hace un par de días - nos dedicó una sonrisa resplandeciente, sus dientes blancos perfectos bajo sus labios perfectos - Hay que estar en todo, pequeña Weasley.

- De verdad que eres asombrosa, Pansy - contesté, anonadada por su resuelta gracia en la que siempre se envolvía cuando hablaba sin pudor sobre sexo- Realmente me impresionas. Cada día.

- Lo sé. Forma parte de mi encanto natural.

Ah, se me olvidó comentaros lo promiscua que suele llegar a ser mi amiga Slytherin cuando de hombres se trata. Desde que nos conocemos, creo que jamás la he visto acudir a un evento social mal acompañada. Por sus sábanas de seda han pasado autoridades políticas, escritores famosos y deportistas en auge. Todos ellos embobados por aquella muchacha de rasgos finos y mirada candente.

Me gusta Pansy Parkinson desde aquel día en el que tuvimos que formar equipo para defender los derechos de un elfo doméstico frente a su ama. No era la Parkinson con cara de perro que recordaba de mi época en Hogwarts, sino una muchacha con ideales que se había quedado huérfana al poco tiempo de terminar la guerra, haciendo que viera con ojos diferentes la cruda realidad.

- Por cierto, tengo entradas para el concierto que da esta noche el grupo La Oreja de Merlín - Luna sacó del bolso las susodichas entradas, balanceándolas entre sus dedos - ¿Quedamos en el auditorio mágico de Londres a eso de las ocho?

- Lo siento, pero yo no puedo ir - me excusé, haciéndome a un lado para que el camarero deslizara los suculentos desayunos por el mantel - He quedado con Zabinni para cenar. Pero ya nos reunimos mañana durante el y me contáis como fue.

- Venga ya, Hermione, a Blaise no le importará que le dejes plantado.

- Lo siento Ginny - respondí lacónica - Pero me envió una lechuza ayer por la noche y parece que es importante.

Blaise Zabinni había sido otro de mis “grandes” descubrimientos desde mi entrada en el Ministerio de Magia. Trabajaba para el Departamento de Leyes Mágicas y era el único mago dispuesto a echarme una mano en mi ambicioso afán por conseguir una plaza en dicho departamento.

- Los de Leyes tenemos agallas, Granger, y tú encajas a la perfección - me decía una y otra vez, dejándome siempre con mi ego por las nubes.

Nos habíamos conocido durante una cena dos años atrás en casa de Pansy, y desde entonces éramos inseparables. A pesar de su fama de casanova, había escuchado sorprendida su pequeño secreto seis meses atrás: Era gay.

En fin, gran pérdida para la mujer mágica.

- Lo siento - repetí - Pero debo ir.

*******

Blaise Zabinni iba enfundado en un traje de chaqueta negro que contrastaba con la corbata de seda blanca anudada en su cuello. Su pelo brillaba bajo las tenues luces de los candelabros suspendidos a pocos metros de su cabeza, mientras que el azul de sus ojos estaban siempre envueltos en ese halo de ironía y sarcasmo que siempre lo caracterizaron. No habíamos citado en un restaurante del Callejón Diagon, donde se exigía traje de etiqueta para los hombres y vestido largo para las mujeres.

- Querida, te ves fabulosa.

- ¿En serio?

- No. Pero es algo que siempre queda bien en este tipo de ocasiones ¿verdad?

- Blaise, eres insufrible.

- Vamos Granger, dime algo que no sepa.

El maitre deslizó una silla tapizada en marfil para que me sentara mientras mi mirada vagaba fascinada por el local. Jamás había estado en un restaurante como ese. Las paredes tenían láminas de madera envejecida, cortinas de terciopelo exquisitas - de esas que costaban todo un mes de mi alquiler, vaya- y en una esquina un piano de cola blanco nos dedicaba unas hermosas notas de Beethoven sin que ningún mago deslizara sus dedos por las teclas. Me vi reflejada por unos instantes en una de las ventanas. Mierda, definitivamente aquel vestido turquesa no había sido una buena elección. En fin, otra vez será.

Blaise me ofreció una copa de vino que yo acepté. Brindamos antes de beber. El líquido rojo oscuro se deslizaba por mi garganta lentamente, dejándome en el paladar un tenue sabor afrutado. No estaba mal, nada mal. Miramos el menú, que estaba en francés, y nada más recitar mi plato éste apareció de inmediato.

- Crema de endibias a la menta, buena elección - aprobó Zabinni - Pero la especialidad de la casa es el pato con trufas y foie - alzó el tenedor - ¿quieres?

- Blaise ¿qué ocurre?

El nombrado enarcó una ceja, sorprendido. A veces parecía un verdadero galán, qué pena.

- ¿A qué te refieres?

- Vamos, no soy tonta, me has traído a este sitio porque quieres pedirme algo ¿cierto? Nunca despliegas tus encantos para mí.

Ante tal afirmación Zabinni se cruzó de brazos, haciendo una mueca teatral de perro abandonado. A veces me impresionaba lo bien que lo conocía.

- ¿Cómo llegaste esa conclusión tan equivocada, rata de biblioteca? - Aquello en boca de mi amigo era un cumplido en toda regla. Ante mi suspicaz mirada Blaise se batió en retirada, bufando de indignación - Bien, vale. Estás aquí porque necesito algo, pero no es un favor precisamente.

Vaya, dime algo que no sepa, anda.

Dejé mi servilleta a un lado, apartando mi plato unos centímetros. La verdad es que no sé qué demonios pensaba mi amigo de mí ¿tan tonta me creía como para caer en la treta?

- Desembucha antes de que me arrepienta.

Mi acompañante le dio otro sorbo a su copa, antes de continuar deleitándose con su queridísimo pato con trufas y foie. Yo esperaba una respuesta, desesperada por su silencio. Típico de Slytherin escabullirse al mínimo contratiempo para urdir otro soberano plan como yo sabía que Blaise estaba haciendo en su cabeza, el maldito Maquiavelo.

- ¿Y bien? - le urgí, harta de esperar.

- Hay una vacante en el Departamento de Leyes Mágicas - vale, no voy a negar que aquello me supo a gloria ¿eh? - Fisher se va a finales de año, así que tengo exactamente seis meses para encontrar a alguien que le sustituya - sonrió de oreja a oreja, pero un destello fugaz en sus ojos azules me hizo desconfiar - Y pensé en ti, ¿Qué te parece?

- Pues me parece que quieres algo a cambio ¿me equivoco?

- En absoluto.

Dios cuenta de la última trufa del plato, y encendió un cigarrillo con parsimonia, con elegante naturalidad. Se acercó un poco más a mí, con ese aire confidencial que tanto yuyu me da a veces, porque cuando un Slytherin hace eso, es que nada bueno hay en su cerebro.

- Te propongo un trato - su aroma me embriagaba y atosigaba - Te daré esa plaza a cambio de un mínimo favor.

- Y ese favor es…

- Que seas mi novia al menos hasta finales de años.

Mis ojos se abrieron del espanto, y casi me tiro encima la crema de endibias mentoladas. Juro que temblaba de arriba abajo.

- Zabinni, lo tuyo es de psiquiátrico urgente, pero ya.

- Vamos Hermione ¡es la boda de mi hermano y necesito una pareja! En mi familia nadie sabe nada de mi… ejem… “secreto” - note el énfasis que le puso a la palabra - Y si no aparezco con una chica, allí no va a salir vivo ni el sacerdote mágico que les una en matrimonio.

- Ya, pero es que no estás en tus cabales - le cogí el mentón, e hice que me mirara de arriba abajo - Blaise, por si no te has percatado ¡soy una sangresucia!¡Tú familia no me aceptará ni en cien años!

Me acarició el pelo, jugueteando con mis rebeldes mechones. Ahí viene la bomba, pensé.

- ¡Ese es el plan! ¡Por eso eres perfecta! Mi familia siempre ha deseado limpiar su nombre desde que cayó el Lord, ya sabes que estamos muy ligados a la palabra “mortífago” - sabía que Blaise no lo fue nunca, pero aún así no pude evitar un estremecimiento - ¿y que mejor forma de limpiar el apellido Zabinni que contigo? Después de la boda, los dos continuaremos con nuestras vidas, le diré a mi hermano que rompimos y yo seguiré siendo el eterno soltero de oro ¿qué te parece?

- ¡Que has bebido más vino añejo de lo normal, Blaise! - le espeté muerta de furia - ¡No pienso prestarme a ese sucio juego!

- Ni siquiera por un puesto en mi departamento ¿eh? - chasqueó la lengua, molesto - Maldita Gryffindor, si no lo haces por ti, hazlo por nuestra amistad. No puedes darme la espalda ahora que te necesito.

Touché.

Hay momento en la vida en los que no te paras a pensar en las consecuencias de tus actos; en lo que sucedió, sucede y sucederá si tomas un camino que no es el indicado. Ese fue mi caso.

- Vale, pero ni sueñes con tener algo más que nuestras manos enlazadas ¿entendido?

- Hecho.

- Y esa vacante en el Departamento de Leyes será para mí, Blaise, o juro que te lanzaré el mejor Avada del mundo mágico.

A veces la amistad con un Slytherin, es el peor que el matrimonio.

Me llamo Hermione Jean Granger.

Bienvenidos al comienzo de mi infierno.

****************

1 gritos nocturnos:

Gracias por acordarte de mi^^ ¡y por engancharte al fic! Jajajaja, ojalá sigas leyendo y te siga gustando tanto ^^.

Besitos guapa.

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