http://www.youtube.com/watch?v=SJ9afRgToxE

http://www.ustream.tv/channel/mtv-movie-awards-new-moon-sneak-peek-9pm

http://www.etonline.com/news/2009/05/74735/index.html

Bueno hasta que este domingo salga el primer trailer, dejo una secuencia de fotos de Luna Nueva
http://www.youtube.com/watch?v=m1BHZ4UQ2GA&feature=player_


VAMPIRES DIARIES


Bueno para todas las que hemos leido la saga de Cronicas Vampiricas de Lisa Jane Smith
aca esta el adelanto de la serie que se calcula en junio se estrena en USA y que seguramente las chicas latinas podremos seguir por internet hasta que algún canal la pase (si es que esto ocurre) si bien me decepcione un poco (por no decir bastante) que a diferencia de Crepusculo los personajes no son para nada parecidos a los de los libros y encima no está Meredith , pero bueno igualmente creo que vale la pena ver que tanto sigue al libro la trama de la serie, además esta el guapisimo Ian Somerhalder haciendo de un terriblemente hermoso Damon
http://www.youtube.com/watch?v=tCGBdpCvbzk&feature=related



COMO EXPLICAR LO QUE ME GUSTA REALMENTE LA SAGA DE CAZADORES OSCUROS(DARK HUNTERS), ES LO MAS EN LECTURA ROMANTICA PARA ADULTOS, REALMENTE QUEDO FASCINADA CON CADA LIBRO QUE LEO, VOY POR EL QUINTO (AUNQUE EN REALIDAD TAMBIEN LEI EL N12 Y EL N 24)
ACA DEJO UNA FOTO DE FANS DE ASCHERON♥




Variety nos informa que Robert Pattinson participara en un nuevo film llamado "Unbound Captives". Gracias a TwiColombia por la traducción.

Hugh Jackman, Rachel Weisz y Robert Pattinson protagonizarán el drama de época "Unbound Captives," en el que Madeleine Stowe hará su debut como directora de un guión que ella misma hizo.

Gil Netter y Grant Hill producirán la película junto a Ashok Amritraj de Hyde Park Entertainment. Están programando un inicio de producción al final de año.

Aunque Stowe es nueva como directora, obtener el trabajo y el elenco es un recompensa por si riesgosa decisión de no aceptar millones de dólares por su guión en 1993. Bajo el pseudónimo de O.C. Humphrey, Stowe hizo un equipo con su esposo, el actor Brian Benben, para escribir "Unbound Captives" como un vehículo al estrellato para ella misma.

Ella hubiera hecho el papel de una mujer (el que ahora hará Weisz) cuyo marido es asesinado y sus dos hijos secuestrados por una banda Comanche en 1859. Ella es rescatada por un colonizador, interpretado por Jackman. Pattinson interpretará el hijo.


Tanto Dakota Fanning (Jane) como Michael Sheen (Aro) han terminado de rodar sus escenas de Luna nueva en Vancouver, por lo que podemos suponer que el resto de los Volturi también. Recordad que a finales de este mes y principios de junio está previsto el rodaje en Italia de las escenas que tienen lugar en Volterra.


Foto publicada por RPS


Personalmente me gusto mucho, es bastante alzada asi que no es para todas las edades,TIENE CONTENIDO ADULRO,los datos los saque del Blog de Jam´s y por ella comencé a leerlo, ya leí el primero y continuare con el segundo y ya lo pondré,Besos
, acá dejo lo q dice JAM´S

"Mi escritora favorita, mis libros favoritos y mis personajes favoritos no podián faltar; sin más preámbulo les dejo Los mejores libros que he tenido el placer de leer (todo es cuestión de gustos y perspectivas obviamente)."


INTRODUCCION A LOS DARK HUNTER LIBRO 1: Julian en “Un amante de ensueño”

«Estar atrapado en un dormitorio con una mujer es algo maravilloso. Estar atrapado en cientos de dormitorios durante más de dos mil años, no lo es. Y ser maldecido y encerrado en un libro para ser convocado como esclavo sexual, puede arruinar incluso a quien un día fuera un guerrero espartano. Pero cuando fui convocado para cumplir las fantasías sexuales de Grace Alexander, ella fue la primera mujer en la historia que me vio como un hombre.

Ella se molesto en sacarme del dormitorio y mostrarme el mundo. Me enseñó a amar de nuevo. Pero yo no nací para conocer el amor. Fui maldecido para caminar solo durante toda la eternidad. Hace mucho tiempo que acepte mi sentencia. Ahora he encontrado a Grace, ¿pero puede romper una maldición de más de dos mil años?». (Mi personaje favorito)

http://www.4shared.com/file/103072156/7f898112/Saga_Cazadores_Oscuros1.html

http://www.megavideo.com/?s=SeriesOnline.Us&v=GSQ60HBV

aca dejo el enlace para este capitulo!!!




ADELANTO

http://www.youtube.com/watch?v=_qQsMcY4EPo

OMG!! adelanto de la segunda temporada q se estrena el 14 de junio en USA

Y EL TRAILER DE HBO
http://www.youtube.com/watch?v=qufAFY7FL0U


Aca se lo ve Rob acompañado de Shannon Woodward, paseando por Beverly Hills , sera su coestrella en su proxima pelicula Romantica?






Aqui hay mas fans poster, gracias NEJJIE
hay 1 de Bella esta embarazada, la verdad a mi mucho no me gusta la foto, pero no puedo negar q esta muy bien hecho





Nota: Fuente de toda la nota y aclaraciones de: "El sueño de Alishea"
Saga Vampiros Sureños Charlaine Harris
Vampiros Sureños es una saga compuesta por 9 libros (el noveno acaba de ser publicado en inglés) y tres historias cortas y de momento no tengo información de si continuara o se quedara asi. Gracias a Beleth por el aporte de los 7 primeros libros y la guía, a http://powerforo.com.ar/ por la traducción del libro 8 y a Dawn por el aporte de las tres historias cortas!!!!
ACLARACIONES:
Como cada libro ha sido traducido al castellano por gente muy diversa, he aqui una pequeña guia de los personajes para no perderse que es que y quien:
- Adaptaformas = adaptos = Were (en ingles). Son personas que pueden transformarse en animales, normalmente en uno que les es afín. En ingles son werepanther (adapto-panteras), weretigers (adaptotigres), etc.
- Lobatos = hombres-lobo. Son las personas que solo se pueden transformar en hombres lobo.
- Vampiros. DUH
- Supes. En general se usa para las personas son poderes sobrenaturales (como todos los anteriores XD)
- Camaradería del sol = Camaras del Sol = (en ingles Fellowship of the sun o FoTS). Ya lo describiran si aun no habeis leido nada de ellos.
- E (E) E. Esto es mencionado en los ultimos libros. Viene de "Extremely Elegant Events" o "Eventos extremadamente elegantes". Es una compañia de cattering que prepara ceremonias para las criaturas magicas y seres sobrenaturales.

Libro 1 "Muerto hasta el anochecer"
Sookie Stackhouse es una camarera con un inusitado poder para leer la mente. Su don es el origen de sus problemas. Siempre acaba sabiendo más de lo que le gustaría de la gente que le rodea, de todos menos de Bill Compton, porque su mente, la de un vampiro que trata de reinsertarse en la sociedad, es absolutamente impenetrable. Cuando sus vidas se cruzan descubrirá que para ella ya no hay vuelta atrás. La aparición de un asesino en serie es la prueba definitiva para su confianza… porque ni siquiera ella sabe si Bill es su protector, o si se convertirá en su fatal asesino.
http://www.4shared.com/file/103635413/d34a0f16/Vampiros_Sureos_01-Muerto_hasta_el_anochecer.html


Desde que un horrible accidente cobró la vida de su familia, Ever de dieciséis años de edad, puede ver auras, escuchar los pensamientos de la gente y conocer la historia de vida de una persona solo por un contacto. Protegiéndose del contacto de los humanos, suprime las capacidades que la han marcado como un monstruo en su nueva escuela. Pero todo cambiará cuando conozca a Auguste Damen…

Ever ve a Damen y siente un reconocimiento instantáneo. Él es hermoso, rico, exótico, y tiene muchos secretos. Damen es capaz de hacer que las cosas aparezcan y desaparezcan. Siempre parece saber lo que ella piensa y es el único que puede silenciar el ruido y la energía arbitraria en su cabeza. Ella no sabe quién o qué es él realmente. Damen es luz y oscuridad a partes iguales, y pertenece a un nuevo mundo encantado.

http://www.megavideo.com/?v=QMCNI3AW






Foto del día de HOY de Robert Pattinson saliendo de su hotel de Beverly Hills acompañado Shannon Woodward, El está en Los Angeles para pruebas de pantalla para su película a salir el 2011, Remeber Me.

Traducción: Alishea85

2
SECRETOS Y MENTIRAS




El oscuro príncipe estaba sentado a horcajadas sobre su negro corcel, con su capa de marta cibelina ondeando a la espalda. Un aro de oro le sujetaba los rizos rubios, el apuesto rostro aparecía helado con la furia de batalla y …
-Y su brazo parecía una berenjena – masculló Clary para sí, exasperada.
El dibujo no salía. Con un suspiro arrancó otra hoja más de su bloc de dibujo, la arrugó y la arrojó contra la pared naranja de su dormitorio. El suelo estaba ya repleto de bolas de papel desechadas, una señal inequívoca de que sus jugos creativos no fluían del modo que había esperado. Deseó por milésima vez poder ser un poco más como su madre. Todo lo que Jocelyn Fray dibujaba, pintaba o esbozaba era hermoso, y aparentemente realizado sin esfuerzo.
Se quitó los auriculares, interrumpiendo Stepping Razor en mitad de la canción, y se frotó las doloridas sienes. Sólo entonces se dio cuenta de que el potente y agudo sonido de un teléfono retumbaba por el apartamento. Arrojó el bloc de dibujo sobre la cama, se puso en pie de un salto y corrió a la salita, donde el rojo teléfono retro descansaba sobre una mesa cerca de la puerta principal.
-¿Clarissa Fray?
La voz al otro lado del teléfono sonaba familiar, aunque no inmediatamente identificable.
Clary retorció nerviosamente el cordón del teléfono alrededor del dedo.
-¿Sííí?
-Hola, soy uno de los gamberros con cuchillo que conociste anoche en el Pandemónium. Me temo que te causé una mala impresión y esperaba que me dieras la oportunidad de resarcirte …
-¡SIMON! –Clary mantuvo el teléfono alejado del oído mientras él soltaba una carcajada-. ¡No tiene gracia!
-Ya lo creo que la tiene. Simplemente no le ves el lado cómico.
-Estúpido. –Clary suspiró, recostándose en la pared-. No te estarías riendo de haber estado aquí cuando llegué a casa anoche.
-¿Por qué no?
-Mi madre. No le gustó que llegáramos tarde. Le dio un ataque. Fue desagradable.
-¿Qué? ¡No es culpa tuya que hubiera tráfico! –protestó Simon, que era el más joven de tres hermanos y tenía un sentido muy agudizado de la injusticia familiar.
-Ya, bueno, ella no lo ve de ese modo. La decepcioné, le fallé, hice que se preocupara, bla, bla, bla. Soy la cruz de su existencia –continuó ella, imitando la precisa fraseología de su madre y con sólo una leve punzada de culpabilidad.
-Así que, ¿estás castigada? –preguntó Simon, en un tono un poco demasiado alto.
Clary pudo oir el ruido sordo de voces detrás de él; personas que discutían entre sí.
-No lo sé aún –respondió-. Mi madre salió esta mañana con Luke, y todavía no han regresado. ¿Dónde estás tú, de todos modos? ¿En casa de Eric?
-Sí. Acabamos de terminar el ensayo.
Se oyó el batir de un platillo detrás de Simon. Clary se estremeció.
-Eric va a dar un recital de poesía en Java Jones esta noche –siguió Simon, mencionando una cafetería situada en la esquina donde vivía Clary, que en ocasiones ofrecía música en vivo por la noche-. Toda la banda acudirá para mostrarle su respaldo. ¿Quieres venir?
-Sí, de acuerdo. –Clary hizo una pausa, dando ansiosos tironcitos al cordón del teléfono-. Espera, no.
-¿Queréis callaros, chicos? –chilló Simon; el débil tono de su voz hizo que Clary sospechara que sostenía el teléfono apartado de la boca; al cabo de un segundo reanudó la conversación, con voz que sonó preocupada-. ¿Eso ha sido un sí o un no?
-No lo sé. –Clary se mordió el labio-. Mi madre sigue enfurecida conmigo por lo de anoche. No estoy segura de querer cabrearla pidiéndole un favor. Si voy a tener problemas, no quiero que sea por la asquerosa poesía de Eric.
-Vamos, no es tan mala –dijo Simon.
Eric vivía al aldo de Simon, y los dos muchachos se conocían de casi toda la vida. No eran íntimos del modo en que Simon y Clary lo eran, pero habían formado un grupo de rock al inicio del segundo año de secundaria, junto con los amigos de Eric: Matt y Kirk. Ensayaban religiosamente todas las semanas en el garaje de los padres de Eric.
-Además, no es un favor –añadió Simon-, es un certamen de poesía en la esquina del bloque que hay frente a tu casa. No es como si te estuviera invitando a una orgía en Hoboken. Tu madre puede venir contigo si quiere.
-¡ORGÍA EN HOBOKEN!
Oyó Clary que alguien chillaba, probablemente Eric. Se oyó el estrépito de otro platillo. Imaginó a su madre escuchando a Eric leer su poesía y se estremeció interiormente.
-No sé. Si aparecéis todos por aquí, creo que le dará algo.
-Entonces iré solo. Te recogeré y así vamos juntos y nos encontramos con el resto allí. A tu madre no le importará. Me adora.
Clary tuvo que echarse a reír.
-Una señal de su discutible buen gusto, si me lo preguntas.
-Nadie te lo ha preguntado.
Simon colgó en medio de gritos procedentes de sus compañeros de la banda.
Clary colgó el teléfono y echó un vistazo a la salita. Por todas partes había pruebas de las tendencias artísticas de Jocelyn, su madre, desde los cojines de terciopelo hechos a mano apilados sobre el sofá rojo oscuro, a las paredes llenas de cuadros cuidadosamente enmarcados, paisajes en su mayoría: las calles sinuosas del centro de Manhattan iluminadas con una luz dorada; escenas de Prospect Park en invierno, con los grises estanques bordeados de una fina puntilla de hielo blanco.
En la repisa sobre la chimenea había una foto enmarcada del padre de Clary. Un hombre rubio de aspecto meditabundo en uniforme militar, y con delatores trazos de arrugas de expresión en el rabillo de los ojos. Había sido un soldado condecorado por su servicio en el extranjero. Jocelyn tenía algunas de sus medallas en una cajita junto a la cama, aunque las medallas no sirvieron de nada cuando Jonathan Clark estrelló su coche contra un árbol a las afueras de Albany y murió incluso antes de que naciera su hija.
Tras su muerte, Jocelyn había vuelto a usar su nombre de soltera. Nunca hablaba del padre de Clary, pero guardaba la caja grabada con sus iniciales, J. C., junto a la cama. Con las medallas había una o dos fotografías, una alianza y un solitario mechón de cabello rubio. En ocasiones, Jocelyn sacaba la caja, la abría y sostenía el mechón de pelo con gran delicadeza antes de devolverlo a su sitio y cerrar de nuevo cuidadosamente la caja con llave.
El sonido de la llave al girar en la puerta principal sacó a Clary de su ensueño. A toda prisa, se dejó caer sobre el sofá e intentó dar la impresión de estar inmersa en uno de los libros en rústica que su madre había dejado apilados en la mesita auxiliar. Jocelyn concedía a la lectura la categoría de pasatiempo sagrado, y por lo general, no interrumpiría a Clary en plena lectura de un libro, ni siquiera para echarle una bronca.
La puerta se abrió con un golpazo. Era Luke, con los brazos llenos de lo que parecían enormes pedazos cuadrados de cartón. Cuando los depositó en el suelo, Clary vio que eran cajas, plegadas planas. Luke se enderezó y se volvió hacia ella con una sonrisa.
-Hola, ti…, hola, Luke –dijo ella.
Él le había pedido que dejara de llamarle tío Luke hacía cosa de un año, afirmando que le hacía sentirse viejo y pensar en La cabaña del tío Tom. Además, le había recordado con delicadeza que él no era en realidad su tío, sólo un amigo íntimo de su madre que la conocía de toda la vida.
-¿Dónde está mamá?
-Aparcando la furgoneta – respondió él, estirando el larguirucho cuerpo con un gemido.
Iba vestido con su uniforme habitual: vaqueros viejos, una camisa de franela y unas gafas con montura dorada que descansaban ladeadas sobre el caballete de la nariz.
-¿Podrías recordarme de nuevo por qué este edificio carece de montacargas?
-Porque es viejo y posee personalidad –repuso al momento, y Luke sonrió burlón-. ¿Para qué son esas cajas? –preguntó ella.
La sonrisa desapareció.
-Tu madre quiere empaquetar algunas cosas –contestó él, evitando su mirada.
-¿Qué cosas?
Él agitó la mano con aire disciplente.
-Cosas que hay por la casa y molestan. Ya sabes que ella nunca tira nada. ¿Qué estás haciendo? ¿Estudiar?
Le arrancó el libro de la mano y leyó en voz alta: “El mundo sigue estando repleto de esas variopintas criaturas a las que una filosofía más sobria ha desechado. Hadas y trasgos, fantasmas y demonios, todavía rondan por ahí…”
Bajó el libro y la miró por encima de las gafas.
-¿Es esto para la escuela?
-¿La rama dorada? No. La escuela no empieza hasta dentro de unas pocas semanas. –Clary le arrebató el libro-. Es de mamá.
-Ya me lo parecía.
Ella lo depositó otra vez sobre la mesa.
-¿Luke?
-¿Ajá? –Olvidado ya el libro, él estaba rebuscando en la caja de herramientas que había junto a la chimenea-. Ah, aquí está.
Sacó una pistola color naranja de cinta de embalar y la contempló con profunda satisfacción.
-¿Qué harías si vieras algo que nadie más puede ver?
La pistola de cinta de embalar cayó de la mano de Luke y golpeó las baldosas de la chimenea. Él se arrodilló para recogerla, sin mirar a la muchacha.
-¿Quieres decir si yo fuera el único testigo de un crimen, esa clase de cosa?
-No; me refiero a si hubiera otras personas cerca, pero tú fueras el único que pudiera ver algo. Como si eso fuera invisible para todo el mundo excepto tú.
Él vaciló, aún arrodillado, con la abollada pistola de cinta de embalar aferrada en la mano.
-Sé que parece una locura –comenzó Clary nerviosamente-, pero…
Él se volvió. Sus ojos, muy azules tras las gafas, se detuvieron en ella con una mirada de sólido afecto.
-Clary, eres una artista, como tu madre. Eso significa que ves el mundo de modo que otras personas no pueden. Es tu don, ver la belleza y el horror en esas corrientes. Pero no significa que estés loca…sólo que eres diferente. No hay nada malo en ser diferente.
Clary subió las piernas y apoyó la barbilla en las rodillas. Mentalmente vio el almacén, el látigo dorado de Isabelle, el muchacho de cabellos azules convulsionándose en los estertores de la muerte y los ojos leonados de Jace. Belleza y horror.
-De haber vivido mi padre -dijo-, ¿crees que también habría sido un artista?
Luke pareció desconcertado. Antes de que pudiera responderle, la puerta se abrió de golpe, y la madre de Clary entró muy tiesa en la habitación, con los tacones de las botas repiqueteando sobre el brillante suelo de madera. Entregó a Luke un juego de tintineantes llaves y se volvió para mirar a su hija.
Jocelyn Fray era una mujer esbelta y atlética; los cabellos, unos cuantos tonos más oscuros que los de Clary y el doble de largos. En esos momentos estaban retorcidos hacia arriba en un nudo rojo oscuro, atravesado con un lápiz de dibujo para mantenerlos sujetos. Llevaba un mono salpicado de pintura sobre una camiseta color azul lavanda y botas de excursión marrones, cuyas suelas estaban cubiertas de pintura al óleo.
La gente siempre decía a Clary que se parecía a su madre, pero ella no lo veía. Lo único que era parecido en ellas era la figura. Ambas eran delgadas, con el tórax pequeño y las caderas estrechas. Ella sabía que no era hermosa como lo era su madre. Para ser hermosa, se tenía que ser esbelta y alta, y cuando se era tan baja como Clary, apenas algo más de metro cincuenta, una sólo era mona. No guapa o hermosa, sino mona. Si a eso se añaden un cabello color zanahoria y una cara llena de pecas, Clary era más bien como aquella muñeca de trapo llamada Raggedy Ann comparada con la muñeca Barbie que era su madre.
Jocelyn incluso tenía un modo de andar tan gracioso que hacía que la gente volviera la cabeza para contemplarla pasar. Clary, por su parte, siempre andaba dando traspiés. La gente sólo se volvía para contemplarla cuando pasaba como una exhalación por su lado al caer por las escaleras.
-Gracias por subir las cajas –dijo la madre de Clary a Luke, y le sonrió.
Él no devolvió la sonrisa. A Clary se le hizo un nudo en el estómago. Era evidente que pasaba algo.
-Lamento haber tardado tanto en encontrar sitio. Debe de haber un millón de personas en el parque hoy…
-¿Mamá? –interrumpió Clary-. ¿Para qué son las cajas?
Jocelyn se mordió el labio. Luke movió veloz los ojos hacia Clary, instando en silencio a Jocelyn para que se acercara. Con un nervioso gesto de muñeca, ésta se puso un mechón de pelo tras la oreja y fue a reunirse con su hija en el sofá.
A tan poca distancia, Clary pudo ver el aspecto tan cansado que mostraba su madre. Había oscuras medias lunas bajo sus ojos, y los párpados aparecían nacarinos por falta de sueño.
-¿Tiene que ver esto con lo de anoche? –preguntó Clary.
-No –dijo rápidamente su madre, y luego vaciló-. Quizás un poco. No debiste hacer lo que hiciste anoche. Lo sabes perfectamente.
-Y ya he pedido perdón. ¿De qué va todo esto? Si me estás castigando, acaba de una vez.
-No te estoy castigando –respondió su madre.
Su voz sonó tensa como el alambre. Dirigió una rápida mirada a Luke, que negó con la cabeza.
-Simplemente díselo, Jocelyn –dijo éste.
-¿Podríais no hablar como si yo no estuviera aquí? –inquirió Clary, enojada-. ¿Y que quieres decir con que me diga? ¿Qué me diga que?
Jocelyn soltó un suspiro.
-Nos vamos de vacaciones.
Toda expresión desapareció del rostro de Luke, igual que un lienzo al que le han eliminado toda la pintura.
Clary sacudió la cabeza.
-¿De qué va todo esto? ¿Os vais de vacaciones? –Volvió a dejarse caer sobre los cojines-. No lo entiendo. ¿A que viene todo este numerito?
-Me parece que no lo entiendes. Me refiero a que nos vamos todos de vacaciones. Los tres: tu, yo y Luke. Nos vamos a la granja.
-Ah.
Clary echó una ojeada a Luke, pero este tenía los brazos cruzados sobre el pecho y miraba fijamente por la ventana, con la mandíbula muy apretada. Se preguntó que lo preocupaba. Él adoraba la vieja granja situada en el norte del estado de Nueva York; la había comprado y restaurado él mismo hacía diez años, e iba allí siempre que podía.
-¿Durante cuanto tiempo?
-El resto del verano –dijo Jocelyn-. Traje las cajas por si quieres embalar algunos libros, material de pintura…
-¿El resto del verano? –Clary se sentó muy tiesa, llena de indignación-. No puedo hacer eso, mamá. Tengo planes; Simon y yo íbamos a celebrar una fiesta de vuelta a la escuela, y tengo un montón de reuniones con mi grupo de arte, y diez clases más en Tisch…
-Lamento lo de Tisch. Pero las otras cosas se pueden cancelar. Simon lo comprenderá, y también lo hará tu grupo de arte.
Clary oyó la implacabilidad del tono de su madre y se dio cuenta de que hablaba en serio.
-¡Pero ya he pagado esas clases de arte! ¡Estuve ahorrando todo el año! Lo prometiste. –Se volvió en redondo hacia Luke-. ¡Díselo! ¡Dile que no es justo!
Luke no apartó la mirada de la ventana, aunque un músculo se movió violentamente en su mejilla.
-Es tu madre. Ella es quien debe decidir.
-No lo comprendo. –Clary se volvió hacia su madre-. ¿Por qué?
-Tengo que marcharme, Clary –respondió Jocelyn, y las comisuras de sus labios temblaron-. Necesito paz y tranquilidad para pintar. Y en estos momentos andamos escasas de dinero…
-Pues vende unas cuantas más de las cosas de papá –replicó ella con enojo-. Eso es lo que acostumbras a hacer, ¿no es cierto?
Jocelyn se echó hacia atrás.
-Eso no es justo.
-Mira, ve si quieres ir. No me importa. Me quedaré aquí sin ti. Puedo trabajar; puedo conseguir un empleo en Starbucks o algo así. Simon dijo que siempre están contratando a gente. Soy lo bastante mayor como para cuidar de mí misma…
-¡No! –La brusquedad en la voz de Jocelyn hizo dar un brinco a Clary-. Te devolveré el dinero de las clases de arte, Clary. Pero vas a venir con nosotros. No hay opción. Eres demasiado joven para quedarte aquí tu sola. Podría pasar algo.
-¿Cómo qué? ¿Qué podría pasar? –exigió ella.
Se oyó un estrépito. Volvió la cabeza sorprendida y vio que Luke había tirado unos de los cuadros enmarcados que estaban apoyados en la pared. Con una expresión claramente alterada, éste volvió a colocarlo en su lugar. Cuando se irguió, su boca estaba cerrada en una sombría línea.
-Me voy
Jocelyn se mordió el labio.
-Espera.
Corrió tras él hasta la entrada, alcanzándolo justo cuando cerraba la mano sobre el pomo de la puerta. Torciendo el cuerpo en el sofá, Clary consiguió apenas escuchar el apremiante susurro de su madre:
-… Bane –decía Jocelyn-. Le he estado llamando y llamando durante las últimas tres semanas. Su buzón de voz dice que está en Tanzania. ¿Qué se supone que debo hacer?
-Jocelyn –Luke sacudió la cabeza negativamente-, no puedes seguir acudiendo a él eternamente.
-Pero Clary…
-No es Jonathan –siseó Luke-. Nunca has sido la misma desde que sucedió, pero Clary no es Jonathan.
“¿Qué tiene que ver mi padre con todo esto?”, se preguntó Clary, desconcertada.
-No puedo limitarme a mantenerla en casa, a no dejarla salir. No lo soportará.
-¡Claro que no lo hará! –Luke sonó realmente enojado-. No es una mascota, es una adolescente. Casi una adulta.
-Si estuviéramos fuera de la ciudad…
-Habla con ella, Jocelyn. –La voz de Luke era firme-. Lo digo en serio. –Alargó la mano hacia el pomo.
La puerta se abrió de golpe. Jocelyn soltó un pequeño grito.
-¡Jesús! –exclamó Luke.
-En realidad, soy solo yo –dijo Simon-. Aunque me han dicho que el parecido es sorprendente. –Agitó la mano en dirección a Clary desde la entrada-. ¿Estás lista?
Jocelyn se apartó la mano de la boca.
-Simon, ¿estabas escuchando?
Simon pestañeó.
-No, acabo de llegar. –Pasó la mirada del rostro pálido de Jocelyn al rostro sombrío de Luke-. ¿Sucede algo? ¿Debería irme?
-No te molestes –dijo Luke-. Creo que hemos acabado aquí.
Se abrió paso junto a Simon, bajando ruidosamente las escaleras con ritmo rápido. Abajo, la puerta de la calle se cerró de un portazo.
Simon permaneció en la entrada, con aspecto indeciso.
-Puedo regresar más tarde –dijo-. De verdad. No sería ningún problema.
-Eso podría… -empezó Jocelyn, pero Clary estaba ya de pie.
-Olvídalo, Simon. Nos vamos –declaró, agarrando su bolsa mensajero de un gancho situado cerca de la puerta.
Se la colgó al hombro dirigiendo una mirada desafiante a su madre.
-Nos vemos luego, mamá.
Jocelyn se mordió el labio.
-Clary, ¿no crees que deberíamos hablar sobre esto?
-Tendremos muchísimo tiempo para hablar mientras estemos de “vacaciones” -repuso ella en tono sarcástico, y tuvo la satisfacción de ver cómo su madre se estremecía-. No me esperes levantada –añadió, y agarrando el brazo de Simon, medio arrastró al joven fuera de la puerta principal.
Éste clavó los talones, mirando contrito por encima del hombro a la madre de Clary, que permanecía inmóvil, pequeña y desamparada, en la entrada, con las manos fuertemente enlazadas.
-¡Adiós, señora Fray! –se despidió-. ¡Que pase una buena noche!
-Ah, cállate, Simon –le espetó Clary, y cerró la puerta de golpe tras ellos, interrumpiendo la respuesta de su madre.




-Jesús, tía, no me arranques el brazo –protestó Simon mientras Clary tiraba de él escaleras abajo, sus Skechers verdes golpeando los peldaños de madera con cada furioso paso.
La muchacha echó una ojeada a lo alto, medio esperando ver a su madre contemplándoles enfurecida desde el descansillo, pero la puerta del apartamento permaneció cerrada.
-Lo siento –masculló Clary, soltándole la muñeca.
Se detuvo al pie de las escaleras, con la bolsa golpeándole la cadera.
La casa de piedra rojiza de Clary, como la mayoría en Park Slope, había sido en el pasado la residencia individual de una familia acaudalada y restos de su antiguo esplendor resultaban aún evidentes en la escalinata curva, el suelo de mármol desportillado de la entrada y la amplia claraboya de un solo cristal de lo alto. En la actualidad, la casa estaba dividida en apartamentos separados, y Clary y su madre compartían el edificio de tres plantas con otra inquilina en la planta baja, una anciana que tenía una consulta de vidente en su apartamento. Apenas salía de él, aunque las visitas de clientes eran poco frecuentes. Una placa dorada sujeta a la puerta la anunciaba como “MADAME DOROTHEA, VIDENTE Y PROFETISA”.
El espeso humo dulzón del incienso se derramaba desde la puerta entreabierta al vestíbulo.
-Es agradable ver que su negocio va viento en popa –comentó Simon-. Estos días es difícil encontrar trabajo estable como profeta.
-¿Tienes que ser sarcástico respecto a todo? –le dijo Clary en tono brusco.
Simon pestañeó, claramente sorprendido.
-Pensaba que te gustaba cuando me mostraba agudo e irónico.
Clary estaba a punto de responder cuando la puerta de madame Dorothea se abrió de par en par y un hombre salió por ella. Era alto, con la tez del color del jarabe de arce, ojos de un dorado verdoso como los de un gato y cabellos enmarañados. Le dedicó una sonrisa deslumbrante, mostrando unos afilados dientes blancos.
Un vahído se apoderó de ella, proporcionándole la clara sensación de que iba a desmayarse.
Simon la miró con inquietud.
-¿Te encuentras bien? Parecía como si fueras a perder el conocimiento.
Ella le miró parpadeando.
-¿Qué? No, estoy perfectamente.
Él no pareció querer abandonar el tema.
-Parece como si acabaras de ver un fantasma.
Clary negó con la cabeza. El recuerdo de haber visto algo la incordiaba, pero cuando intentó concentrarse, se le escapó igual que agua entre los dedos.
-Nada, me pareció ver el gato de Dorothea, pero supongo que sólo fue la luz que me engañó. –Simon la miró fijamente-. No he comido nada desde ayer –añadió ella, poniéndose a la defensiva-. Imagino que estoy un poco fuera de combate.
Él le deslizo un reconfortante brazo sobre los hombros.
-Vamos, te invitaré a comer algo.
-Simplemente no puedo creer que esté actuando así –dijo Clary por cuarta vez, persiguiendo por el plato un poco de guacamole errante con la punta de un nacho.
Estaban en un local mexicano del barrio, un cuchitril llamado Mama Nacho.
-Como si castigarme una semana sí otra no, no fuera bastante malo. Ahora estaré exiliada durante el resto del verano.
-Bueno, ya lo sabes, tú madre se pone así de vez en cuando –repuso Simon-. Como cuando aspira o espira. –Le sonrió de oreja a oreja desde detrás de su burrito vegetariano.
-Vale, tú puedes actuar como si fuera divertido –dijo ella-. No es a ti a quien van a arrastrar en medio de ninguna parte durante Dios sabe cuánto tiempo…
-Clary –Simon interrumpió su diatriba-, yo no soy la persona con la que estás furiosa. Además, no va a ser permanente.
-¿Cómo lo sabes?
-Bueno, porque conozco a tu madre –respondió él, tras una pausa-. Quiero decir, tú y yo hemos sido amigos durante cuánto, ¿diez años ya? Sé que se pone así a veces. Se lo pensará mejor.
Clary tomó un chile de su plato y mordisqueó el borde, meditabunda.
-¿Es eso cierto? –preguntó-. ¿Lo de conocerla, quiero decir? A veces me pregunto si alguien lo hace.
-Ahí me he perdido –repuso él, mirándola con un pestañeo.
Clary aspiró aire para refrescarse la ardiente boca.
-Quiero decir que nunca habla sobre sí misma. No se nada sobre su infancia o su familia, ni demasiado de cómo conoció a mi padre. Ni siquiera tiene fotos de la boda. Es como si su vida empezara cuando me tuvo a mi. Eso es lo que siempre dice cuando le pregunto.
-Ah –Simon le hizo una mueca-, eso es bonito.
-No, no lo es. Es raro. Es raro que yo no sepa nada sobre mis abuelos. Quiero decir, sé que los padres de mi padre no fueron amables con ella, pero ¿tan malos son? ¿Qué clase de gente no quiere conocer a su nieta?
-Quizás ella los odia. Tal vez fueron groseros o algo así –sugirió Simon-. Tiene esas cicatrices.
Clary le miró sorprendida.
-¿Tiene qué?
Él tragó un bocado de burrito.
-Esas cicatrices pequeñas y finas. Por toda la espalda y los brazos. He visto a tu madre en bañador, ya lo sabes.
-Jamás me he fijado en que tuviera cicatrices –repuso ella con seguridad-. Creo que imaginas cosas.
Él la miró fijamente, y parecía a punto de decir algo cuando el teléfono móvil de Clary, enterrado en su bolsa, empezó a sonar estridentemente. Clary lo sacó, contempló los números que parpadeaban en la pantalla e hizo una mueca.
-Es mi madre.
-Me he dado cuenta por la expresión de tu cara. ¿Vas a hablar con ella?
-No en estos momentos –contestó ella, sintiendo el familiar mordisco de culpabilidad en el estómago, mientras el teléfono dejaba de sonar y se ponía en marcha el buzón de voz-. No quiero pelearme con ella.
-Siempre puedes quedarte en mi casa –ofreció Simon-. Todo el tiempo que quieras.
-Bueno, veremos si se tranquiliza primero.
Clary pulsó el botón del buzón de voz de su móvil. La voz de su madre sonó tensa, pero estaba claro que intentaba mostrarse desenfadada: “Cariño, lamento haberte soltado de sopetón los planes para ir de vacaciones. Ven a casa y charlaremos”. Clary cortó la comunicación antes de que finalizara el mensaje, sintiéndose aún más culpable y al mismo tiempo todavía enojada.
-Quiere hablar.
-¿Quieres hablar con ella?
-No lo sé. –Clary se pasó el dorso de la mano por los ojos-. ¿Todavía vas a ir al recital poético?
-Prometí que lo haría.
Clary se puso en pie, empujando la silla hacia atrás.
-Entonces iré contigo. La llamaré cuando acabe.
La correa de la bolsa de mensajero le resbaló por el brazo, y Simon se la volvió a subir distraídamente, dejando que los dedos se entretuvieran sobre la piel desnuda de su hombro.
En el exterior, el aire resultaba esponjoso debido a la humedad, humedad que rizaba los cabellos de Clary y le pegaba a Simon la camiseta azul a la espalda.
-Y bien, ¿cómo le va al grupo? –preguntó ella-. ¿Algo nuevo? Se oían muchos gritos de fondo cuando hablé contigo antes.
El rostro de su amigo se iluminó.
-Las cosas van la mar de bien –respondió-. Matt dice que conoce a alguien que podría conseguirnos una actuación en el Scrap Bar. Estamos buscando nombres otra vez.
-¿Sí? –Clary ocultó una sonrisa.
En realidad, el grupo de Simon nunca tocaba nada. La mayor parte del tiempo lo pasaban en la salita de Simon, discutiendo sobre nombres y logotipos potenciales para el grupo. En ocasiones, Clary se preguntaba si alguno de ellos realmente sabía tocar un instrumento.
-¿Qué hay sobre la mesa?
-Estamos eligiendo entre Conspiración Vegetal Marina y Panda Inmutable.
Clary meneó la cabeza.
-Los dos son terribles.
-Eric sugirió Tumbonas en Crisis.
-Tal vez Eric debería seguir con los videojuegos.
-Pero entonces tendríamos que encontrar un nuevo batería.
-Ah, ¿es eso lo que hace Eric? Pensaba que se limitaba a gorrearos dinero y a tratar de impresionar a las chicas de la escuela diciendo que pertenece a un grupo.
-Nada de eso –respondió Simon con toda tranquilidad-. Eric se ha reformado. Tiene una novia. Llevan tres meses saliendo.
-Prácticamente casados –dijo Clary, rodeando a una pareja que empujaba a una criatura en una sillita: una niña pequeña con pasadores de plástico amarillo en el cabello, que tenía agarrada firmemente un hada de juguete con alas color zafiro con listas doradas.
Pro el rabillo del ojo, a Clary le pareció ver moverse las alas. Volvió la cabeza a toda velocidad.
-Lo que significa –continuó Simon-, que soy el único miembro del grupo que no tiene novia. Lo que, como ya sabes, es precisamente lo que se pretende al estar en un grupo. Conquistar a las chicas.
-Pensaba que se trataba de la música.
Un hombre con un bastón se cruzó en su paso, encaminándose a la calle Berkeley- Clary desvió rápidamente la vista, temiendo que si miraba a alguien durante demasiado tiempo, le crecerían alas, brazos extras o largas lenguas bífidas como las de las serpientes.
-De todos modos ¿a quién le importa si tienes una novia?
-A mí me importa –respondió Simon con melancolía-. Muy pronto, las únicas personas que no tendrán novia seremos yo y Wendell, el conserje de la escuela. Y él huele a limpiacristales.
-Siempre estará Sheila “Tanga” Barbarino –sugirió Clary.
Clary se había sentado detrás de ella en clase de matemáticas de noveno, y cada vez que a Sheila se le había caído el lápiz, lo que sucedía a menudo, Clary había disfrutado de una vista de la ropa interior de Sheila subiendo por encima de la cinturilla de sus vaqueros superbajos.
-es con ella con quien Eric lleva saliendo los últimos tres meses –repuso Simon-. Su consejo fue que simplemente debía decidir qué chica de la escuela tenía el cuerpo más rocanrolero y pedirle para salir el primer día de clase.
-Eric es un cerdo sexista –afirmó Clary, no deseando, de repente, saber qué chica de la escuela pensaba Simon que tenía el cuerpo más rocanrolero-. Quizá deberíais llamar al grupo Los cerdos sexistas.
-No suena mal.
Simon no parecía haberse inmutado. Clary le hizo una mueca mientras su bolsa vibraba bajo la estridente melodía de su teléfono.
Lo sacó del bolsillo con cremallera.
-¿Es tu madre otra vez? –preguntó él.
Clary asintió. Veía a su madre mentalmente, pequeña y sola en la entrada de su apartamento. La sensación de culpabilidad le llenó el pecho.
Alzó la mirada hacia Simon, que la contemplaba con los ojos sombríos de preocupación. Su rostro le era tan familiar que podría haberlo bosquejado dormida. Pensó en las solitarias semanas que se extendían ante ella sin él, y volvió a meter el móvil en el bolso.
-Vamos –dijo-. Llegaremos tarde al espectáculo.
























3
CAZADOR DE SOMBRAS




Para cuando llegaron a Java Jones, Eric ya estaba en el escenario, balanceándose de un lado a otro frente al micrófono, con los ojos bizqueando. Se había teñido las puntas de los cabellos de rosa para la ocasión. Detrás de él, Matt, con aspecto de estar como una cuba, golpeaba irregularmente un djembé.
-Esto va a ser una auténtica porquería –pronosticó Clary, y agarró a Simon de la manga, tirando de él hacia la puerta-. Si salimos huyendo, todavía podemos escapar.
Él movió negativamente la cabeza con determinación.
-Soy un hombre de palabra. –Cuadró los hombros-. Traeré el café si tú nos consigues un asiento. ¿Qué quieres?
-Café solo. Negro… como mi alma.
Simon se dirigió al mostrador, mascullando por lo bajo algo respecto a que era muchísimo mejor lo que hacía él ahora que lo que había hecho nunca antes. Clary fue en busca de asientos para ambos.
La cafetería estaba atestada para ser un lunes; la mayoría de los desgastados sofás y sillones estaban ocupados por adolescentes que disfrutaban de una noche libre entre semana. El olor a café y a cigarrillos de clavo era abrumador. Por fin, Clary encontró un sofá desocupado en un rincón oscuro del fondo. La única otra persona en las proximidades era una muchacha rubia con una camiseta naranja sin mangas, jugando absorta con su iPod.
“Estupendo –pensó Clary-. Eric no podrá localizarnos aquí atrás después de la actuación para preguntar qué tal nos pareció su poesía.”
La chica rubia se inclinó por encima del lateral de su silla y le dio un golpecito a Clary en el hombro.
-Perdona –Clary alzó la mirada sorprendida-, ¿es ése tu novio? –preguntó la muchacha.
Clary siguió la dirección de la mirada de la chica, preparada ya para decir: “No, no lo conozco”, cuando reparó en que la chica se refería a Simon, que se dirigía hacia ellas, con el rostro contraído en una expresión concentrada, mientras intentaba no dejar caer ninguno de los vasos de poliestireno.
-Uh, no –respondió Clary-, es un amigo.
La chica sonrió ampliamente.
-Es mono. ¿Tiene novia?
Clary vaciló ligeramente antes de responder.
-No.
La muchacha adoptó una expresión suspicaz.
-¿Es gay?
El regreso de Simon ahorró a Clary tener que responder. La chica rubia se volvió a sentar apresuradamente mientras él depositaba los vasos en la mesa y se dejaba caer junto a Clary.
-No lo soporto cuando se quedan sin tazas. Esas cosas están ardiendo.
Se sopló los dedos y puso cara de pocos amigos. Clary intentó ocultar una sonrisa mientras le observaba. Por lo general, no pensaba en si Simon era guapo o no. Tenía unos bonitos ojos oscuros, supuso, y el cuerpo se le había rellenado bien en el transcurso del año anterior y parte del otro. Con el corte de pelo adecuado…
-Me estas mirando fijamente –dijo Simon-. ¿Por qué me estás mirando fijamente? ¿Tengo algo en la cara?
“Debería decírselo –pensó Clary, aunque una parte de ella se mostraba extrañamente reacia a hacerlo-. Sería una mala amiga si no lo hiciera.”
-No mires ahora, pero esa chica rubia de ahí cree que eres mono –susurró.
Los ojos de Simon se movieron lateralmente para contemplar con atención a la muchacha, que estudiaba con aplicación un ejemplar de Shonen Jump.
-¿La chica del top naranja?
Clary asintió.
_¿Qué te hace pensar eso? –preguntó Simon, desconfiado.
“Díselo. Va, díselo.”
Clary abrió la boca para responder, y fue interrumpida por un fuerte pitido de los bafles. Hizo una mueca de dolor y se tapó los oidos, mientras Eric, en el escenario, forcejeaba con el micrófono.
-¡Lo siento, chicos! Chilló éste-. Muy bien. Soy Eric, y éste es mi colega Matt a la batería. Mi primer poema se llama “Sin titulo”. –Crispó la cara como si sintiera dolor, y gimió al micrófono-: ¡Ven mi falso gigante, mi nefando bajo vientre! ¡Unta toda protuberancia con árido celo!
Simon se deslizó hacia abajo en su asiento.
-Por favor no digas a nadie que le conozco.
Clary lanzó una risita.
-¿Quién usa la palabra “bajo vientre”?
-Eric –respondió Simon, sombrío-. Todos sus poemas tienen bajos vientres en ellos.
-¡Turgente es mi tormento! –gimió Eric-. ¡La zozobra crece en el interior!
-Puedes apostar a que sí –repuso Clary, y se deslizó hacia abajo en el asiento junto a Simon-. De todos modos, sobre la chica que piensa que eres mono…
-No te preocupes por eso ni un segundo –le cortó él, y Clary le miró con un pestañeo sorprendido-. Hay algo de lo que quería hablarte.
-Topo Furioso no es un buen nombre para un grupo –dijo inmediatamente ella.
-No es eso –repuso Simon-. Es sobre lo que estábamos hablando antes. Sobre lo de que no tengo novia.
-Ah. –Clary alzó un hombro en un gesto de indiferencia-. Vaya, no sé. Pide a Jaida Jones que salga contigo –sugirió, nombrando a una de las pocas chicas de San Javier que de verdad le caían bien-. Es agradable, y le gustas.
-No quiero pedirle a Jaida Jones que salga conmigo.
-¿Por qué no? –Clary se encontró atenazada por un repentino e indeterminado rencor-. ¿No te gustan las chicas listas? ¿Todavía buscas un cuerpo rocanroleante?
-Ninguna de las dos cosas –respondió él, que parecía agitado-. No quiero pedirle para salir porque en realidad no sería justo para ella que lo hiciera…
Sus palabras se apagaron. Clary se inclinó al frente. Por el rabillo del ojo pudo ver cómo la chica rubia se inclinaba también al frente, escuchando, sin lugar a dudas.
-¿Por qué no?
-Porque me gusta otra persona –contestó Simon.
-De acuerdo.
Simon estaba ligeramente verdoso, igual que lo había estado en una ocasión cuando se rompió el tobillo jugando a fútbol en el parque y tuvo que regresar a casa cojeando sobre él. Clary se preguntó que demonios había en el hecho de que le gustara alguien para colocarle en tal insoportable estado de ansiedad.
-No eres gay, ¿verdad?
El color verdoso de Simon se intensificó.
-Si lo fuera, vestiría mejor.
-En ese caso, ¿quién es? –preguntó Clary.
Estaba a punto de añadir que si estaba enamorado de Sheila Barbarino, Eric le patearía el culo, cuando oyó que alguien tosía sonoramente a su espalda. Era una clase de tos burlona, la clase de sonido que alguien emitiría si intentaba no reír en voz alta.
Volvió la cabeza.
Sentado en un descolorido sofá verde, a unos pocos centímetros de ella, estaba Jace. Llevaba puestas las mismas ropas oscuras que lucía la noche anterior en el club. Los brazos estaban desnudos y cubiertos de tenues líneas blancas, como si fueran viejas cicatrices. En las muñecas llevaba amplias pulseras de metal; Clary distinguió el mango de hueso de un cuchillo sobresaliendo de la izquierda. Él la miraba directamente, con un lado de la estrecha boca curvado en una expresión divertida. Peor que la sensación de que se rieran de ella, era la absoluta convicción de Clary de que él no había estado sentado allí cinco minutos atrás.
-¿Qué sucede?
Simon había seguido la dirección de su mirada, pero era evidente por su rostro inexpresivo, que no podía ver a Jace.
“Pero yo te veo.”
Clary clavó la mirada en Jace mientras lo pensaba, y éste alzó la mano izquierda para saludarla. Un anillo centelleó en un delgado dedo. El joven se puso en pie y empezó a caminar, pausadamente, hacia la puerta. Los labios de Clary se separaron con expresión sorprendida. Se marchaba, tantranquilo.
Notó la mano de Simon, en el brazo. Pronunciaba su nombre, le preguntaba si sucedía algo. La voz del chico sonaba ajena.
-Volveré enseguida –se oyó decir, mientras se levantaba del sofá de un salto, casi olvidando dejar la taza de café en la mesa.
Salió corriendo hacia la puerta, mientras Simon la seguía atónito con la mirada.



Clary atravesó precipitadamente las puertas, aterrada por la idea de que Jace pudiera haberse desvanecido entre las sombras del callejón, como un fantasma. Pero estaba allí, repantingado contra la pared. Había sacado algo del bolsillo y pulsaba botones en ello. Alzó la mirada sorprendido cuando la puerta de la cafetería se cerró violentamente tras ella.
A la luz cada vez más crepuscular, su cabello parecía de un dorado cobrizo.
-La poesía de tu amigo es terrible –dijo.
Clary pestañeó, momentáneamente cogida por sorpresa.
-¿Cómo?
-He dicho que su poesía es terrible. Suena como si se hubiera comido un diccionario y empezado a vomitar palabras al azar.
-No me importa la poesía de Eric. –Clary estaba furiosa-. Quiero saber por qué me estás siguiendo.
-¿Quién ha dicho que te esté siguiendo?
-Buen intento. Y estabas escuchando disimuladamente, además. ¿Quieres contarme de que va todo esto, o debería simplemente llamar a la policía?
-¿Y decirles qué? –replicó Jace en tono mordaz-. ¿Qué gente invisible te está molestando? Confía en mí, pequeña, la policía no arrestará a alguien que no puede ver.
-Ya te dije antes que mi nombre no es pequeña –masculló ella entre dientes-. Es Clary.
-Lo sé –repuso él-. Un nombre bonito. Como la hierba, la salvia sclarea o clary. En los viejos tiempos, la gente pensaba que comerse las semillas permitía ver a los seres mágicos. ¿Sabías eso?
-No tengo ni idea de qué estás hablando.
-No sabes gran cosa, ¿verdad? –preguntó él, y había un perezoso desdén en sus ojos dorados-. Pareces ser un mundano como cualquier otro mundano, sin embargo puedes verme. Parece un acertijo.
-¿Qué es un mundano?
-Alguien del mundo humano. Alguien como tú.
-Pero tú eres humano –afirmó Clary.
-Lo soy –repuso él-. Pero no soy como tú.
No había ningún deje defensivo en su voz. Sonó como si no le importara si le creía o no.
-Te crees que eres mejor. Es por eso que te estabas riendo de nosotros.
-Me reía de vosotros porque las declaraciones de amor me divierten, en especial cuando no son correspondidas –explicó él-. Y porque tu Simon es uno de los mundanos más mundanos con los que me he tropezado jamás. Y porque Hodge pensó que podrías ser peligrosa, pero si lo eres, desde luego no lo sabes.
-¿Yo, peligrosa? Repitió Clary, estupefacta-. Te vi matar a alguien anoche. Te vi hundirle un cuchillo bajo las costillas, y…
“Y vi cómo él te hería con dedos que eran como cuchillas. Te vi sangrando, y ahora parece como si nada te hubiera tocado.”
-Quizá sea un asesino –dijo Jace-, pero sé lo que soy. ¿Puedes tú decir lo mismo?
-Soy un ser humano corriente, tal y como dijiste. ¿Quién es Hodge?
-Mi tutor. Y yo no me tildaría tan rápidamente de corriente, si fuera tú. –Se inclinó al frente-. Deja que te vea la mano derecha.
-¿Mi mano derecha? –repitió ella, y él asintió-. ¿Si te enseño la mano, me dejarás tranquila?
-Desde luego.
Su voz dejó traslucir un deje divertido.
Ella extendió la mano derecha de mala gana. Tenía un aspecto pálido bajo la tenue luz que se derramaba desde las ventanas, con los nudillos salpicados por una leve capa de pecas. De algún modo, se sintió tan desprotegida como si se estuviera levantando la camisa y le mostrara el pecho desnudo.
-Nada. –La voz del muchacho sonó decepcionada-. No eres zurda, ¿verdad?
-No. ¿Por qué?
Él le soltó la mano con un encogimiento de hombros.
-A la mayoría de niños cazadores de sombras los marcan en la mano derecha… o en la izquierda, si son zurdos como yo…, cuando aún son pequeños. Es una runa permanente que presta una habilidad extra con armas.
Le mostró el dorso de su mano izquierda; a ella le pareció totalmente normal.
-No veo nada –dijo.
-Deja que tu mente se relaje –sugirió él-. Aguarda a que venga a ti. Como si aguardases a que algo se elevara a la superficie del agua.
-Estás loco.
Pero se relajó, fijando la mirada en la mano, contemplando las diminutas líneas sobre los nudillos, las largas articulaciones de los dedos…
Le saltó a la vista de improviso, centelleando como una señal de NO CRUZAR. Un dibujo negro parecido a un ojo. Parpadeó, y el dibujo se desvaneció.
-¿Un tatuaje?
Él sonrió con aire de suficiencia y bajó la mano.
-Estaba seguro de que podrías hacerlo. Y no es un tatuaje… es una Marca. Son runas, marcadas a fuego en nuestra carne.
-¿Hacen que manejes mejor las armas?
A Clary le resultó difícil de creer, aunque quizá no más difícil que creer en la existencia de zombies.
-Marcas distintas hacen cosas distintas. Algunas son permanentes, pero la mayoría se desvanece cuando han sido usadas.
-¿Es por eso que hoy no tienes los brazos pintados? –preguntó ella-. ¿Incluso cuando me concentro?
-Ése es exactamente el motivo. –Sonó satisfecho consigo mismo-. Sabía que poseías la Visión, al menos. –Echó una ojeada al cielo-. Casi ha oscurecido por completo. Deberíamos irnos.
-¿Deberíamos? Creía que ibas a dejarme tranquila.
-Te he mentido –respondió Jace sin una pizca de vergüenza-. Hodge dijo que debo llevarte al Instituto. Quiere hablar contigo.
-¿Por qué iba a querer hablar conmigo?
-Porque ahora sabes la verdad –respondió Jace-. No ha existido un mundano que conociera nuestra existencia durante al menos cien años.
-¿Nuestra existencia? –repitió ella-. Te refieres a la de gente como tú. A gente que cree en demonios.
-A gente que los mata –corrigió Jace-. Somos los cazadores de sombras. Al menos, eso es lo que nos llamamos a nosotros mismos. Los subterráneos tienen nombres menos halagüeños para nosotros.
-¿Subterráneos?
-los Hijos de la Noche. Los brujos. Los duendes. Los seres mágicos de esta dimensión.
Clary sacudió la cabeza.
-No te detengas ahí. Supongo que también hay, digamos: ¿vampiros, hombres lobo y zombies?
-Desde luego que los hay –le informó Jace-. Aunque los zombies los encuentras en su mayoría más al sur, donde están los sacerdotes del voudun.
-¿Qué hay de las momias? ¿Sólo andan por Egipto?
-No seas ridícula. Nadie cree en momias.
-¿Nadie cree?
-Por supuesto que no –afirmó Jace-. Mira, Hodge te explicará todo esto cuando le veas.
Clary cruzó los brazos sobre el pecho.
-¿Qué sucede si no quiero verle?
-Ése es tu problema. Puedes venir voluntariamente o a la fuerza.
Clary no podía creer lo que oía.
-¿Estas amenazando con secuestrarme?
-Si quieres verlo de ese modo –dijo Jace-, sí.
Clary abrió la boca para protestar, pero la interrumpió un estridente zumbido. Su móvil volvía a sonar.
-Adelante, responde si quieres –indicó Jace con magnanimidad.
El teléfono dejó de sonar, luego volvió a empezar, fuerte e insistente. Clary frunció el cejo; su madre debía de estar realmente furiosa.
Le dio la espalda a medias a Jace y empezó a rebuscar en el bolso. Para cuando consiguió desenterrarlo, el móvil iba ya por la tercera tanda de timbrazos. Se lo acercó a la oreja.
-¿Mamá?
-Ah, Clary. Vaya, gracias a Dios. –Una penetrante sensación de alarma recorrió la columna vertebral de la muchacha; su madre parecía presa del pánico-. Escúchame…
-Todo va bien, mamá. Estoy perfectamente. Voy de camino a casa…
-¡No! –El terror hizo chirriar la voz de Jocelyn-. ¡No vengas a casa! ¿Me entiendes, Clary? Ni se te ocurra venir a casa. Ve a casa de Simon. Ve directamente a casa de Simon y quédate ahí hasta que pueda…
Un ruido de fondo la interrumpió: el sonido de algo que caía, que se hacía añicos, algo pesado golpeando el suelo…
-¡Mamá! –gritó Clary en el teléfono-. ¿Mamá, estás bien?
Del teléfono surgió un fuerte zumbido, y la voz de la madre de Clary se abrió paso a través de la estática.
-Sólo prométeme que no vendrás a casa. Ve a casa de Simon y llama a Luke… dile que me ha encontrado…
Sus palabras quedaron ahogadas por un fuerte estrépito parecido al de la madera al astillarse.
-¿Quién te ha encontrado? Mamá, ¿has llamado a la policía? ¿Lo has hecho…?
Su desesperada pregunta quedó interrumpida por un sonido que Clary jamás olvidaría: un discordante sonido deslizante, seguido por un golpe sordo. Oyó cómo su madre aspiraba con fuerza.
-Te quiero, Clary –le oyó decir, con voz inquietantemente tranquila.
El teléfono se desconectó.
-¡Mamá! –aulló Clary al teléfono-. ¿Mamá, estás ahí?
“Fin de la llamada”, apareció en la pantalla. Pero ¿por qué habría colgado su madre de aquel modo?
-Clary –dijo Jace, y fue la primera vez que le oyó decir su nombre-. ¿Qué sucede?
Clary hizo caso omiso de él. Oprimió febrilmente el botón que marcaba el número de su casa. No hubo respuesta, aparte del doble tono que indicaba que estaba comunicando.
Las manos de Clary habían empezado a temblar de un modo incontrolable. Cuando intentó volver a marcar, el teléfono se le resbaló de la temblorosa mano y golpeó violentamente contra la acera. Se dejó caer de rodillas para recuperarlo, pero ya no funcionaba, había una larga raja bien visible sobre la parte frontal.
-¡Maldita sea!
Casi llorando, arrojó el teléfono al suelo.
-Para de una vez. –Jace tiró de ella para incorporarla, agarrándola por la muñeca-. ¿Ha sucedido algo?
-Dame tu teléfono –dijo Clary, extrayendo inobjeto oblongo de metal negro del bolsillo de la camisa de Jace-. Tengo que…
-No es un teléfono –repuso Jace, sin hacer el menor intento de recuperarlo-. Es un sensor. No podrás utilizarlo.
-¡Pero necesito llamar a la policía!
-Primero dime lo que ha sucedido. –Ella intentó liberar violentamente la muñeca, pero él la asía con una fuerza increíble-. Puedo ayudarte.
La cólera inundó a Clary, como una marea ardiente recorriéndole las venas. Sin siquiera pensar en lo que hacía, le golpeó en la cara, arañándole la mejilla, y él se echó hacia atrás sorprendido. Clary se soltó y corrió hacia las luces de la Séptima Avenida.
Cuando alcanzó la calle, se volvió en redondo, medio esperando ver a Jace pisándole los talones. Pero el callejón estaba vacío. Por un momento, clavó la mirada, indecisa, en las sombras. Nada se movía en su interior. Se volvió de nuevo y corrió hacia su casa.


4
RAPIÑADOR







La noche se había vuelto aún más calurosa y correr a casa fue como nadar a toda velocidad en sopa hirviendo. En la esquina de su bloque, Clary se vio atrapada por un semáforo rojo. Se removió nerviosamente arriba y abajo sobre las puntas de los pies, mientras el tráfico pasaba zumbando en una masa borrosa de faros. Intentó volver a llamar a su casa, pero Jace no le había mentido: su teléfono no era un teléfono. Al menos no se parecía a ningún teléfono que Clary hubiese visto antes. Los botones del sensor no tenían números, sólo más de aquellos símbolos extravagantes, y no había pantalla.
Mientras trotaba calle arriba en dirección a su casa, vio que las ventanas del segundo piso estaban iluminadas, la acostumbrada señal de que su madre estaba en casa.
“Estupendo –se dijo-. Todo está bien.”
Pero sintió un nudo en el estómago en cuanto pisó la entrada. La luz del techo se había fundido, y el vestíbulo estaba a oscuras. Las sombras parecían llenas de movimientos clandestinos. Con un estremecimiento, empezó a subir la escalera.
-¿Y a dónde crees que vas? –dijo una voz.
Clary se volvió.
-¿Qué…?
Se interrumpió. Sus ojos se estaban ajustando a la penumbra, y podía distinguir la forma de un sillón enorme, colocado frente a la puerta cerrada de madame Dorothea. La anciana estaba encajada en su interior como un cojín demasiado relleno. En la penumbra, Clary sólo distinguió la forma redonda del rostro empolvado, el abanico de encaje blanco en la mano y la abertura de la boca cuando habló.
-Tu madre –dijo Dorothea-, ha estado haciendo un buen barullo ahí arriba. ¿Qué está haciendo? ¿Moviendo muebles?
-No creo…
-Y la luz de la escalera se ha fundido, ¿te has dado cuenta? –Dorothea golpeteó el brazo del asiento con el abanico-. ¿No puede hacer tu madre que su novio la cambie?
-Luke no es…
-La claraboya también necesita que la laven. Está asquerosa. No me sorprende que esto esté casi tan oscuro como la boca del lobo.
“Luke NO es el casero”, quiso decirle Clary, pero no lo hizo.
Aquello era típico de su anciana vecina. Una vez que consiguiera que Luke pasara por allí y cambiara la bombilla, le pediría que hiciera un centenar de otras cosas: ir a recogerle la compra, limpiar la ducha. En una ocasión le había hecho hacer pedazos un viejo sofá con un hacha para poderlo sacar del apartamento sin tener que desmontar la puerta de sus goznes.
-Lo preguntaré –dijo Clary, suspirando.
-Será mejor que lo hagas. –Dorothea cerró el abanico de golpe con un movimiento de muñeca.
La sensación de Clary de que algo no iba bien no hizo más que acrecentarse cuando llegó a la puerta del apartamento. Estaba sin cerrar con llave, algo entreabierta, derramando un haz de luz en forma de cuña sobre el rellano. Con una sensación de creciente pánico, empujó la puerta para abrirla del todo.
Dentro del apartamento, las luces estaban prendidas: todas las lámparas refulgían encendidas en toda su luminosidad. El resplandor le hirió los ojos.
Las llaves y el bolso rosa de su madre estaban sobre el pequeño estante de hierro forjado situado junto a la puerta, donde siempre los dejaba.
-¿Mamá? –llamó-. Mamá, estoy en casa.
No hubo respuesta. Entró en la sala. Las dos ventanas estaban abiertas, con metros de diáfanas cortinas blancas ondulando en la brisa, igual que fantasmas inquietos. Únicamente cuando el viento amainó y las cortinas se quedaron quietas, advirtió Clary que habían arrancado los almohadones del sofá y los habían desperdigado por la habitación. Algunos estaban desgarrados longitudinalmente, con las entrañas de algodón derramándose sobre el suelo. Habían volcado las estanterías y esparcido su contenido. La banqueta del piano estaba caída de costado, abierta como una herida, con los queridos libros de música de Jocelyn desparramados por el suelo.
Lo más aterrador eran los cuadros. Cada uno de ellos había sido cortado del marco y rasgado a tiras, que estaban esparcidas por el suelo. Sin duda lo habían hecho con un cuchillo; resultaba casi imposible romper una tela con las manos. Los marcos vacíos parecían huesos pelados. Clary sintió que un grito se alzaba en el interior de su pecho.
-¡Mamá! –chilló-. ¿Dónde estás? ¡Mami!
No había llamado “mami” a Jocelyn desde que cumplió los ocho.
Con el corazón desbocado, corrió al interior de la cocina. Estaba vacía; las puertas de los armarios, abiertas; una botella de salsa de Tabasco rota vertía picante líquido rojo sobre el linóleo. Sintió las rodillas como si fueran bolsas de agua. Sabía que debía salir corriendo del apartamento, llegar hasta un teléfono, llamar a la policía. Pero todas aquellas cosas parecían distantes; primero necesitaba encontrar a su madre, necesitaba ver que estaba bien. ¿Y si habían entrado ladrones y su madre se había defendido…?
“¿Qué clase de ladrones no se llevarían el billetero, o la tele, o el reproductor de DVD, o los caros portátiles?”, pensó.
Estaba ya ante la puerta del dormitorio de su madre. Por un momento pareció como si esa habitación, al menos, hubiera permanecido intacta. La colcha de flores hecha a mano de Jocelyn estaba cuidadosamente doblada sobre el edredón. El propio rostro de Clary sonreía desde lo alto de la mesita de noche, con cinco años y una sonrisa desdentada enmarcada por unos cabellos rojizos. Un sollozo se alzó en el pecho de Clary.
“Mamá –lloró interiormente-, ¿qué te ha sucedido?”
El silencio le respondió. No, no silencio; un ruido atravesó el apartamento, poniéndole de punta los cabellos del cogote. Era como si derribaran algo, un objeto pesado chocando contra el suelo con un golpe sordo. El golpe sordo fue seguido por un sonido deslizante, de algo al ser arrastrado… e iba hacia el dormitorio. Con el estómago contraído por el terror, Clary se irguió apresuradamente y se volvió despacio.
Por un momento le pareció que el umbral estaba vacío, y sintió una oleada de alivio. Luego miró abajo.
Estaba agazapada en el suelo; era una criatura larga y cubierta de escamas, con un ramillete de planos ojos negros colocados justo en el centro de la parte delantera de su cráneo abovedado. Parecía un cruce entre un caimán y un ciempiés; tenía un hocico grueso y plano, y una cola de púas que restallaba amenazadora de lado a lado. Múltiples patas se contrajeron debajo de la criatura mientras ésta se preparaba para saltar.
Un alarido brotó de la garganta de Clary, que se tambaleó hacia atrás, tropezó y cayó, justo cuando la criatura se abalanzaba sobre ella. Rodó a un lado, y el animal no la alcanzó por cuestión de centímetros, y resbaló sobre el suelo de madera, en el que sus zarpas abrieron profundos surcos. Un gruñido sordo borboteó de la garganta del animal.
Clary se incorporó a toda prisa y corrió hacia el pasillo, pero la cosa era demasiado rápida para ella. Volvió a saltar, aterrizando justo encima de la puerta, donde se quedó colgada igual que una maligna araña gigante, mirándola fijamente con su ramillete de ojos. Las mandíbulas se abrieron lentamente para mostrar una hilera de colmillos que derramaban baba verdosa. Una lengua larga y negra se agitó hacia el exterior por entre las fauces, mientras la cosa gorjeaba y siseaba. Horrorizada, Clary comprendió que los ruidos que aquello emitía eran palabras.
-Chica –siseó-. Carne. Sangre. Para comer, ah, para comer.
El monstruo empezó a deslizarse lentamente pared abajo. Alguna parte de Clary había pasado más allá del terror a una especie de inmovilidad glacial. La cosa estaba sobre sus patas ahora, arrastrándose hacia ella. Retrocediendo, la muchacha agarró un pesado marco con una fotografía de la cómoda que tenía al lado –ella misma, junto con su madre y Luke en Coney Island, a punto de montar en los autos de choque- y se la arrojó al monstruo.
La fotografía lo alcanzó en la región abdominal y rebotó, golpeándole suelo con el sonido de cristal haciéndose añicos. La criatura no pareció notarlo. Siguió hacia ella, con el cristal roto astillándose bajo sus patas.
-Huesos, para triturar, para succionar el tuétano, para beber las venas…
La espalda de Clary golpeó la pared. No podía retroceder más. Notó un movimiento contra su cadera y casi saltó fuera de sí. El bolsillo. Hundió la mano dentro y sacó el objeto de plástico que le había cogido a Jace. El sensor se estremecía, igual que un teléfono móvil puesto en modo vibración. El duro material resultaba casi dolorosamente caliente en su palma. Cerró la mano alrededor del sensor justo cuando la criatura saltaba.
La bestia se precipitó contra ella, derribándola al suelo; la cabeza y los hombros de Clary chocaron contra éste. Se retorció lateralmente, pero esa cosas era demasiado pesada. Estaba encima de ella, un peso opresivo y viscoso que hacía que sintiera náuseas.
-Para comer, para comer –gimió la cosa., Pero no está permitido, tragar, saborear.
El abrasador aliento que le caía sobre el rostro apestaba a sangre. Clary no podía respirar. Las costillas parecían a punto de hacérsele pedazos. Tenía el brazo inmovilizado entre el cuerpo y el monstruo, con el sensor clavándosele en la palma. Se retorció, intentando liberar la mano.
-Valentine nunca lo sabrá. No dijo nada sobre una chica. Valentine no se enojará.
La boca sin labios se contorsionó cuando las fauces se abrieron, lentamente, y una oleada de ardiente aliento apestoso cayó sobre el rostro de Clary.
La mano de la muchacha quedó libre, y con un alarido, golpeó a la bestia, deseando machacarla, cegarla. Casi había olvidado el sensor, pero cuando la criatura se le abalanzó hacia el rostro, con las fauces de par en par, lo incrustó entre sus dientes. Sintió cómo la baba, caliente y ácida, le cubría la muñeca y le caía en gotas abrasadoras sobre la piel al descubierto del rostro y la garganta. Como desde muy lejos, se oyó a sí misma chillar.
Casi sorprendida, la criatura se echó violentamente hacia atrás con el sensor alojado entre dos dientes. Gruñó con un pastoso zumbido enojado, y echó la cabeza hacia atrás. Clary la vio tragar, vio el movimiento de la garganta.
“Soy la siguiente –pensó, aterrorizada-. Soy…”
De repente, la bestia empezó a contorsionarse. Presa de espasmos incontrolables, rodó fuera de Clary y sobre la espalda, con las múltiples patas agitándose en el aire. Un fluido negro le brotó de la boca.
Dando boqueadas, Clary rodó sobre sí misma y empezó a gatear, alejándose de la criatura. Casi había alcanzado la puerta cuando oyó que algo silbaba en el aire cerca de su cabeza. Intentó agacharse, pero fue demasiado tarde. Un objeto chocó violentamente contra su nuca, y ella se desplomó, sumiéndose en la oscuridad.




A través de sus párpados se abría paso una luz azul, blanca y roja. Se oía un agudo gemido, que se tornaba cada vez más agudo, como el grito de un niño aterrado. Clary tomó aire y abrió los ojos.
Estaba tumbada sobre una hierba fría y húmeda. El cielo nocturno ondulaba en lo alto, el brillo peltre de las estrellas desteñido por las luces de la ciudad. Jace estaba arrodillado a su lado, con los brazaletes de plata de las muñecas lanzando destellos luminosos, mientras rompía a tiras el trozo de tela que sostenía.
-No te muevas.
El lamento amenazaba con partirle los oídos, así que Clary volvió la cabeza lateralmente, desobediente, y fue recompensada con una cortante punzada de dolor que le descendió veloz por la espalda. Estaba tendida sobre un trozo de césped, detrás de los cuidados rosales de Jocelyn. El follaje le ocultaba en parte la visión de la calle, donde un coche de policía, con la barra de luz azul y blanca centelleando, se hallaba detenido sobre el bordillo, haciendo sonar la sirena. Un pequeño grupo de vecinos se había reunido ya, mirando con atención mientras la portezuela del coche se abría y dos oficiales en uniforme azul descendían de él.
La policía. Intentó incorporarse y volvió a sentir arcadas, los dedos se le contrajeron sobre la tierra húmeda.
-Te dije que no te movieras –siseó Jace-. Ese demonio rapiñador te alcanzó en la parte posterior del cuello. Estaba medio muerto, de modo que no fue un gran picotazo, pero tenemos que llevarte al Instituto. Quédate quieta.
-Esa cosa…, el monstruo…, hablaba. –Clary temblaba sin poderse contener.

-Ya has oido hablar a un demonio antes.
Las manos de Jace se movían con delicadeza mientras le deslizaba la tira de tela bajo el cuello y la anudaba. Estaba embadurnada con algo ceroso, como el ungüento de jardinero que su madre usaba para mantener suaves las manos, maltratadas por la pintura y la trementina.
-El demonio del Pandemónium…parecía una persona.
Era un demonio eidolon. Un cambiante. Los rapiñadores parecen lo que parecen. No son muy atractivos, pero son demasiado estúpidos para que les importe.
-Dijo que iba a comerme.
-Pero no lo hizo. Lo mataste. –Jace finalizó el nudo y se recostó
Con gran alivio para Clary, el dolor en la parte posterior del cuello se había desvanecido. Se incorporó para sentarse.
-La policía está aquí. –Su voz era como el croar de una rana-. Deberíamos…
-no hay nada que puedan hacer. Probablemente alguien te oyó gritar y los llamó. Diez a uno a que esos no son auténticos agentes de policía. Los demonios saben cubrir sus huellas.
-Mi madre –dijo Clary, obligando a las palabras a salir a través de la garganta inflamada.
-Hay veneno de rapiñador circulando por tus venas justo en estos momentos. Estarás muerta en una hora si no vienes conmigo.
Se puso en pie y le tendió una mano. Ella la tomó, y él la levantó de un tirón.
-Vamos.
El mundo se ladeó. Jace le pasó una mano por la espalda, sosteniéndola. El muchacho olía a polvo, sangre y metal.
-¿Puedes andar?
-eso creo.
Clary echó una ojeada a través de los rosales llenos de flores. Vio cómo la policía ascendía por el camino. Uno de ellos, una mujer delgada, sostenía una linterna en una mano. Cuando la alzó, Clary vio que la mano estaba descarnada; era una mano esquelética terminada en afilados huesos en las puntas de los dedos.
-Su mano…
-Te dije que podían ser demonios. –Jace echó un vistazo a la parte trasera de la casa-. Tenemos que salir de aquí. ¿Podemos pasar por el callejón?
Clary negó con la cabeza.
-Está tapiado. No hay salida…
Sus palabras se disolvieron en un ataque de tos. Alzó una mano para taparse la boca, y cuando la apartó estaba roja. Lanzó un gemido.
Jace le agarró la muñeca y se la giró de modo que la parte blanca y vulnerable de la cara anterior del brazo quedara al descubierto bajo la luz de la luna. Tracerías de venas azules recorrían el interior de la piel, transportando sangre envenenada al corazón y al cerebro. Clary sintió que las rodillas se le doblaban. Jace tenía algo en la mano, algo afilado y plateado. Intentó retirar la mano, pero él la sujetaba con demasiada fuerza. Sintió un punzante beso sobre la piel. Cuando el muchacho la soltó, vio pintado un símbolo negro como los que le cubrían a él la piel, justo bajo el pliegue de la muñeca. Parecía un conjunto de círculos que se solapaban.
-¿Qué se supone que hace eso?
-Te ocultará –respondió él-. Temporalmente.
Deslizó la cosa que Clary había creído que era un cuchillo dentro del cinturón. Era un largo cilindro luminoso, grueso como un dedo índice y que se estrechaba hasta terminar en punta.
-Mi estela –dijo él.
Clary no preguntó qué era eso. Estaba ocupada intentando no caerse. El suelo se balanceaba bajo sus pies.
-Jace –dijo, y se desplomó contra él.
Él la sujetó como si estuviera acostumbrado a sujetar a jovencitas que se desmayaban, como si lo hiciera todos los días. A lo mejor así era. La cogió en brazos, diciéndole algo al oído que sonó parecido a “Alianza”. Clary echó la cabeza atrás para mirarle, pero sólo vio las estrellas dando volteretas laterales en el cielo oscuro sobre su cabeza. Entonces desapareció el fondo de todas partes, y ni siquiera los brazos de Jace a su alrededor fueron suficientes para impedirle caer.

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Fuente :Alishea85 y Purplerose
4. El Nido Del Cuco
- Zumo de naranja, melaza, huevos, aunque caducados hace semanas, y algo que parece una especie de lechuga.
- ¿Lechuga?- Clary se asomó sobre el hombro de Simón para mirar dentro de la nevera.
- Oh. Mozzarella Eso es cierto.
Simon se estremeció y Lucas cerró con una patada la puerta de la nevera.
- ¿Encargamos una pizza?
- Ya la he encargado- dijo Lucas, que llegaba a la cocina con el teléfono inalámbrico en la mano - Una vegetal grande, tres colas. Y han llamado del hospital- agregó, colgando el teléfono. -No hay ningún cambio con Jocelyn.
- Oh - dijo Clary.

Ella se sentó en la mesa de madera de la cocina de Lucas. Por lo general, Lucas era bastante limpio, pero en ese momento de la mesa estaba cubierta de correo sin abrir y el fregadero estaba lleno de platos sucios. El macuto verde de Lucas estaba colgado en la parte de atrás de una silla. Clary sabía que debería haber ayudado con la limpieza, pero últimamente no habia tenido mucha energia. La cocina era pequeña y estaba un poco deslucida comparándola con sus mejores tiempos, aunque no era la de un cocinero, como lo demostraba el hecho de que en la estanteria de las especias, que descansaba sobre una antigua estufa de gas, no tenia un solo pote de espacias. En cambio, él la utilizaba para mantener las cajas de café y té.
Simon se sentó junto a ella cuando Lucas saco las cartas fuera de la mesa y se puso en el fregadero a lavar los platos.

- ¿Estás bien?- preguntó en voz baja.
- Estoy bien -dijo Clary gestionado una sonrisa. - Yo no esperaba que mi madre despertara hoy, Simon. Tengo la sensación que ella esta esperando algo.
- ¿Sabes el qué?
- No. Sólo que algo falta.
Ella miró a Lucas, pero vió que estaba muy concentrado en el lavado de los platos.
- O a alguien.
Simon esperó inquisitivamente a ella, luego se encogió de hombros.
- Por lo tanto, suena como que la situación en el Instituto fue muy intensa.- Clary se estremeció.
- La madre de Isabelle y Alex asustada.
- Repite su nombre de nuevo
- Mayo-ris,- dijo Clary, imitando la pronunciación de Lucas.
- Es un viejo nombre de cazadores de sombras - dijo Lucas secandose las manos con un trapo.

- ¿Y Jace decidió quedarse allí y hacer frente a esta persona Inquisidor? ¿Él no quiere irse?- dijo Simón.
- Es lo que tiene que hacer si alguna vez quiere tener una vida como un cazador de sombras,- dijo Lucas. -Y ser uno de los Nefilim lo es todo para él. Sabía de otros cazadores de sombras como él, en Idris. Si tuvo que fuera de él.

El zumbido de los familiares el timbre sonó. Lucas lanzaró el trapo en el mostrador.
- Vuelvo en seguida.
Tan pronto como él estaba fuera de la cocina, Simon dijo:
- Es realmente extraño pensar de Lucas como alguien que alguna vez fue un cazador de sombras. Más extraño de lo que es pensar en él como un hombre lobo.
-¿En serio? ¿Por qué?- Simon se encogió de hombros.
- He oído hablar antes de los hombres-lobo. Son una especie de elemento conocido. Así que se convierte en un lobo, una vez al mes, a fin de qué. Pero los cazadores de sombras,lo de ellos es como una secta.
- No son como una secta.
- Claro que lo son. Ser cazador es toda su vida. Y mirar hacía abajo a todos los demás. LLamárnos Mundanos . Al igual que no son seres humanos. No son amigos de la gente, no van a los mismos lugares , no saben la misma bromas, ellos piensan que están por encima de nosotros.- Simon tiró una pierna desgarradose y retorcidose el deshilachado borde del agujero en la rodilla de sus vaqueros.
- Hoy conocí a otro hombre lobo.

- No me digas que se cuelgan con Freaky Pete Hunter's en la Luna.
Tuvo una sensación incómoda en el hoyo del estómago, no podía haber dicho exactamente lo que estaba causando. Probablemente fué libre flotación estrés.
- No. Es una niña, -dijo Simon.- Es más o menos de nuestra edad, se llama Maia.
- ¿Maia?
Lucas estaba de regreso en la cocina con una caja de pizza. La dejó caer en la tabla y llegó a Clary el olor de la pasta caliente, salsa de tomate, queso y le recordó el hambre que tenía. Arrancó un trozo, no esperó a Lucas para deslizarse a través de una placa de la mesa con ella. Se sentó con una sonrisa, sacudiendo la cabeza.

- Maia es uno de los mienbros de la manada, ¿no? -Simon solicitó, cogiendo una revanada para él.
Lucas asintió. - Claro que sí. Es una buena chica. Ha estado aquí un par de veces vigilando la librería, mientras que he estado en el hospital. Ella me permite pagarle con libros.
-¿Estás mal de dinero? Lucas se encogió de hombros.
- El dinero nunca ha sido tan importante para mí, y la manada se ocupa de su propio sustento.
Clary dijo: - Mi madre siempre decía que cuando estuvo mal de dinero vendió algunas de las existencias de mi padre. Pero, dado que el tipo que creía que era mi padre no era mi padre, y dudo de Valentíne tenga existencias...
- Tu madre poco a poco vendió todas sus joyas,- dijo Lucas. - Valentíne le había dado algunas de las piezas de su familia, joyas que había estado con los Morgensterns durante generaciones. Incluso una pequeña pieza que tubo un alto precio en la subasta.- Él suspiró. - Estos se han ido de Valentíne, aunque ahora puede haber recuperado de los restos de las joyas del antiguo apartamento.
- Bueno, espero que le diera satisfacción, de todos modos,- dijo Simon.- Vender y deshacerse de sus cosas por el estilo.- Tomó una tercera ración de pizza. Era realmente sorprendente, pensó Clary, cuántos adolescentes fueron capaces de comer sin aumentar de peso o ponerse enfermos
- Debe haber sido extraño para ti,- dijo a Lucas. - Ver a Maryse Lightwood después de tanto tiempo.
- No precisamente raro. Maryse no está muy diferente ahora de cómo era entonces, en realidad, ella es más como ella que nunca, si es que tiene sentido.
Clary pensó en la forma en que Maryse Lightwood había examinado la recogió a su niña delgada oscura en el foto Hodge le había dado, el que tenga la inclinación a su altiva barbilla.
- ¿Cómo crees que se siente acerca de ti?- pregunta. - ¿De verdad crees que tenia la esperanza de que estuvieras muerto?
Lucas sonrió. - Tal vez no fuera del odio, no, pero habría sido más conveniente y menos sucio para ellos si me hubiera muerto, sin duda. Pero que estoy vivo y que soy el líder de una jauría no puede ser algo que hubiera esperado. Es su trabajo, después de todo, mantener la paz entre los subterraneos, y aquí viene, con la historia de ellos y con mucha razón para desear la venganza. Ellos se preocupan por si estoy furioso.
- ¿Lo estás?,- Preguntó Simón.
Ellos estaban fuera de la pizza, así que sin mirar a más y tomó una de las mordisqueadas cortezas de Clary. Él sabía que ella odiaba a la corteza.
- A furioso, me refiero.
- No hay nada en mi de furia. Estoy impasible. Soy un hombre de mediana edad.

- Salvo que una vez al mes te conviertes en un lobo y vas por ahí destrozando cosas alrededor de sacrificio,-dijo Clary.
- Podría ser peor,- dice Lucas. - Los hombres de mi edad se dedican a la compra de automóviles deportivos y a dormir con las supermodelos.
- Solo tienes treinta y ocho-, señaló Simon. -Eso no es de mediana edad.
- Gracias, Simón, te lo agradezco.- Lucas abrió la caja de la pizza y, encontrándola vacía, la cerró con un suspiro. -Aunque te comes la pizza de todos.
- Yo sólo tenía cinco cortes,- protestó Simón, que se apoyó con su silla hacia atrás precariamente equilibrado en sus dos patas traseras.
- ¿Cuántas porciones que te crees que tienen una pizza, idiota?- Clary quería saber.
- Menos de cinco porciones no es una comida. Se trata de un bocado.- Simon espera con aprensión en Lucas.
- ¿Significa esto que te vas a comer al lobo y a mi?
- Desde luego que no.
Lucas pasó a tirar la caja de la pizza en la basura. - tu eres filamentosa y difícil de digerir
- Pero cumple los requisitos de los alimentos judios (kosher),- señaló Simon alegremente.
- Me voy a asegurar de apartar de tu camino a cualquier licántropo judio- Lucas inclinó su espalda contra el fregadero. - Pero para responder a tu pregunta anterior, Clary, era extraño ver a Maryse Lightwood, pero no a causa de ella. Fue en los alrededores. El Instituto me recordaba demasiado el Salón de Acuerdos de Idris. Podía sentir la fuerza del libro gris de las runas a mi alrededor, después de quince años tratando de olvidarme de ellas.
- ¿Lo hiciste?- Clary preguntó. - ¿Conseguiste olvidarlas?
- Hay algunas cosas que nunca se olvidan. La runas del libro son más que ilustraciones. Se convierten en parte de ti. Parte de su piel. Ser cazador de sombras nunca te deja. Es un regalo que la llevó en la sangre, y no se puede cambiar de lo que tu puedes cambiar tu tipo de sangre.
- Me pregunto,-Clary dijo: - Si quizás debería obtener algunas marcas para mi-
Simon bajó la corteza de la pizza que había estado en royendo.
- Tú estás de broma.
- No, no lo estoy. ¿Por qué bromear acerca de algo como eso? ¿Y por qué no me hacerme algunas marcas? Soy un cazador de sombras. Yo podría ir y de ellas puedo obtener protección.
- Protección ¿de qué? Simon exigió, inclinándose hacia adelante para que las patas delanteras de la silla golpearan contra el suelo con una explosión.
- Pensé que todo esto de los cazadores... Pensé que estabas tratando de llevar una vida normal.
Lucas en un leve tono. - No estoy seguro de que haya tal cosa como una vida normal.
Clary miró hacia abajo en su brazo, donde Jace le había hecho una marca. Ella todavía puede ver el blanco de la marca que había dejado atrás, más que un recuerdo una cicatriz.
- Sí, quiero irme de la rareza. Pero, ¿y si la rareza viene después de mí? ¿Qué pasa si no tengo una elección?
- O tal vez tu no quieres alejarte de la rareza, - Simón murmuró. - No mientras Jace sigue involucrado con él, de todos modos.

Lucas limpiado su garganta. - La mayoría de Nefilim pasan por los niveles de formación antes de recibir sus marcas. Yo no recomendaría obtener ninguna hasta que se haya completado la instrucción. Y si aún quieres hacerte alguna depende de ti, por supuesto. Sin embargo, hay algo que debes tener. Algo que cada cazador de sombras debe tener.
- ¿Una odiosa actitud arrogante?- dijo Simon .
- Una estela,- dijo Lucas. - Cada uno debe tener una estela.
¿Tienes tu una?- Clary preguntó, sorprendida.

Sin responder, Lucas se dirigió fuera de la cocina. En unos momentos, trajó un objeto envuelto en tejido negro. Dejó el objeto sobre la mesa, el paño desenrollado, revelando una varita brillante, de un pálido cristal opaco. Una estela.
- Es bonita , dijo Clary.
- Me alegro de que lo creas,- dijo Lucas,- porque quiero que la tengas
- ¿Que yo la tenga? - Ella le miró asombrada.- Pero es la tuya, ¿no?

Se sacudió la cabeza.
- Ésta fue de tu madre. Ella no quería mantenerla en el apartamento, así que me pidió que se la guardará.
Clary recogió la estela. Se sentía fría al tacto, aunque sabía que el calor a un brillo cuando se utilizaba. Se trataba de un objeto extraño, no lo suficientemente largo para ser un arma, no lo suficientemente corto como para ser una herramienta de dibujo fáciles de manipular. Ella supuso que el tamaño impar era algo a lo que te acostumbras a lo largo del tiempo.
- ¿Puedo quedarmela?
- Claro que sí. Es un modelo antiguo, por supuesto, casi veinte años de antigüedad. Es posible que los diseños se haya perfeccionado desde entonces. Sin embargo, es suficientemente confiable.
Simon vio como la estela se desempeñó como la batutta de un director de orquesta, la localización de patrones ligeramente invisibles en el aire entre ellos.
- Este tipo cosas me recuerda a la vez que mi abuelo me dio su viejo juego de palos de golf.
Clary se rió y bajó la mano.
- Sí, salvo que no los utilizas
- Y espero que nunca tengas que utilizarla,- dijo Simon, y lo dijo rápidamente antes de que pudiera contestar.





El humo pasó de las marcas en espiral negro y olía el aroma de la asfixia de su propia piel la quema. Su padre estaba sobre él con la estela, su punta de color rojo brillante, como la punta de un póquer se dejan mucho tiempo en el fuego.
- Cierra los ojos, Jonathan,- dijo.- El dolor es sólo lo que le permites ser.

Pero la mano de Jace curvada sobre sí mismo, de mala gana, como si escribiera sobre su piel, torciendo a alejarse de la estela. Escuchó el complemento como de un hueso roto en su mano y, a continuación, otro ...
Jace abrió sus ojos parpadearon en la oscuridad, la voz de su padre, desvanecido como el humo en el aumento de viento. Tenía un sabor metálico en su lengua. Se había mordido el interior de su labio. Se sentó arriba, haciendo una mueca de dolor. El broche de vino de nuevo y él miró hacia abajo involuntariamente en la mano. Fue eliminado. Se dio cuenta del sonido procedente de fuera de la sala. Alguien llamando, aunque vacilante, a la puerta. Después de rodar fuera de la cama, temblando cuando sus pies descalzos tocaron el frio suelo. Había dormido con la ropa y él miró hacia abajo a su camisa arrugada con disgusto. Probablemente todavía olía como el lobo. Y le dolia todo. El golpe vino de nuevo. Jace andando a pasos largos se encontró en el otro lado de la habitación y tiró de la puerta abierta. Él parpadeó con sorpresa.
- ¿Alec?
Alec, con las manos en los bolsillos de sus pantalones vaqueros, se encogió de hombros auto-consciente.
- Lo siento es tan temprano. Mamá me mandó a buscarte. Ella quiere verte en la biblioteca.
- ¿Qué hora es?
- Las cinco
- ¿Qué diablos estás haciendo?
- Aun no me he ido a dormir.
Parecía que estaba diciendo la verdad. Sus ojos azules estaban rodeados por oscuras sombras. Jace pasó la mano a través de su despeinado pelo.
- Está bien. Esperad un segundo, mientras que cambio la camisa.
Se fué hacia el armario, revovió los cuadrados que formaban las perfectamente dobladas camisas hasta que encontró una de color azul oscuro de manga larga. Se peleó con la camisa que llevaba puesta para quitarsela cuidadosamente ya que en algunos lugares estaba pegada a su piel con sangre seca.
Alec le miraba.
- ¿Qué te ha pasado?- Su voz era extrañamente limitada.
- El precio de una lucha con un lobo.
Jace deslizó la camisa azul sobre su cabeza. Vestido, que después de Alec acolchada en el pasillo.
- Tienes algo en el cuello,- observó. Alec voló a la mano de su garganta.
- ¿Qué?
- Parece que es la señal de una mordedura,- dijo Jace.- ¿Qué has estado haciendo toda la noche, de todos modos?
- Nada. La mano sigue anclada en su cuello, Alec comenzó a caminar por el pasillo. Jace le siguió.
- Me fui caminando por el parque. Intentando aclarar mi cabeza.
- ¿Y te encontraste con un vampiro?
- ¿Qué? No me caí.
- ¿En el cuello? - Alec hizo un ruido, y Jace decidió cambiar la cuestión.
- Bien, lo que sea. ¿Qué sobre que necesitabas aclarar tu cabeza?
- Tú. Mis padres, dijo Alec. - Ellos vinieron y explicaron porque estaban tan enojados después de que la salida. Y se explicó acerca de Hodge. Gracias por no decirme que, por el camino.
- Lo siento-. Jace era el turno para limpiar.
- No podía hacer yo para hacerlo, de alguna manera.
- Bueno, no se ve bien.- Alec finalmente se redujo la mano de su cuello y se puso a mirar acusatoriamente a Jace.
- Parece que se escondían las cosas. Cosas acerca Valentíne.

Jace dejado en su vías. - ¿Crees que estaba mintiendo? Acerca de no saber que Valentín era mi padre?
- ¡No!
Alec parecía asustado, ya sea en la cuestión o en la vehemencia Jace en pedir la misma.
- Y no me importa que tu padre... No me importa. Eres la misma persona.
- Quienquiera que sea.- Las palabras salieron de frío, antes de que pudiera detenerlos.
- Estoy diciendo.- Alec el tono era aplacar. -Pueden ser un poco duros a veces. Piensa antes de hablar, eso es todo lo que estoy pidiendo. Nadie aquí es tu enemigo, Jace.
- Bueno, gracias por el consejo,- dijo Jace. - Puedo caminar solo el resto del camino a la biblioteca.
- Jace
Pero Jace ya se había ido, dejando atrás la angustia de Alec. Jace odiaba cuando otras personas estaban preocupados él. Se le hizo sentir que tal vez realmente había algo de qué preocuparse. La puerta de la biblioteca estaba medio abierta. No se molestó en llamar. Siempre había sido una de sus salas favoritas en el Instituto, ya que había algo reconfortante sobre su antigua mezcla de madera y herrajes de latón, el cuero y el terciopelo, libros varios a lo largo de las paredes como viejos amigos esperando por él para volver. Ahora, una ráfaga de aire frío le golpeó en el momento de abrir la puerta. El fuego que por lo general estaba en la enorme chimenea durante todo el otoño y el invierno era un montón de cenizas. Las lámparas se habian apagado. La única luz provenia a través de las estrechas ventanas y la torre del lucernario, muy por encima.

Jace no quería, seguir pensando en Hodge. Si él hubiera estado ahí, el fuego permaneceria encendido, tambien las lámparas de gas, la fundición de oro de la sombra piscinas de luz en el suelo de parquet. Hodge mismo etaría agachado en un sillón junto al fuego, con Hugo en un hombro, y un libro apoyado a su lado. Pero había alguien en el viejo sillón Hodge. Una fina sombra, de color gris , que pasó de la butaca, fluida como desenrollar una cobra el encantador de serpientes , y giró hacia él con una fría sonrisa. Era una mujer. Vestía un largo y antiguo manto gris oscuro, que cayeró a las cimas de sus botas. Debajo de el un traje color pizarra equipado con un collar de mandarinas, la rigidez de los puntos que se pulsa en su cuello. Su pelo era una especie de color rubio pálido, tiró fuertemente de nuevo con peines, y sus ojos eran de color gris piedra.
Jace podía sentirlos, como el toque de congelación del agua, ya que su mirada viajó desde sus sucios pantalones vaqueros, salpicados de barro, con su cara magullada, a sus ojos, y encerrado allí. Por un segundo algo notó un golpe caliente en su mirada, al igual que el resplandor de una llama atrapados bajo el hielo. Luego desapareció.
- ¿Tú eres el chico?
Antes que Jace pudiese responder, otra voz respondió: Era Maryse, que había entrado en la biblioteca detrás de él. Se preguntaba por qué no la había oído acercarse a él y porque había abandonado sus zapatos de tacón. Ella vestía una larga túnica de seda con dibujos y una fina expresión de labio.
- Sí, Inquisidor,- dijo. - Se trata de Jonathan Morgenstern.
El Inquisidor se trasladó hacia la deriva como humo gris . Se detuvo delante de él y mostro una mano de dedos largos y blancos, que le recordaban a una araña albina.
- Mírame, muchacho,- dijo,
Y de repente esos largos dedos estaban bajo su mentón, obligandolo a levantar su cabeza. Fue increíblemente fuerte.
- Ustedes me llaman Inquisidor. Tu no me llamará nada más.
La piel alrededor de sus ojos se convertia en las líneas finas, como grietas en la pintura. Dos surcos estrechos se desarrollaron entre los bordes de su boca y la barbilla.
- ¿Entiendes? -
Para Jace, la mayoría de su vida, el Inquisidor ha sido una figura distante, medio mítica. Su identidad, incluso muchas de sus funciones, se envuelve en el secreto de la Clave. Siempre había imaginado que sería como los Hermanos Silenciosos, con su auto-poder y ocultos misterios. No había imaginado a alguien de manera directa o de manera hostil. Sus ojos parecían cortalo, para el tramo de distancia de su armadura de la confianza y la diversión, el paso de él hasta el hueso.
- Mi nombre es Jace,- dijo. - No chico . Jace Wayland
- Tu no tienes derecho al nombre de Wayland,- dijo.- Tu eres Jonathan Morgenstern. Reclamar el nombre de Wayland le hace un mentiroso. Al igual que su padre.
- En realidad,- dijo Jace,- Yo prefiero pensar que soy un mentiroso de una manera única
- Ya veo
Una pequeña sonrisa curvo su pálida boca. No se trataba de un bonita sonrisa.

- Eres intolerante a la autoridad, al igual que lo fué su padre. Al igual que el ángel cuyo nombre tanto soportar.
Sus dedos se apoderarón de su barbilla con una repentina ferocidad, sus uñas en la excavarón dolorosamente.
- Lucifer fue recompensado por su rebelión cuando Dios lo metió en los fosos del infierno. -Su respiración era agrio como el vinagre. - Si desafia mi autoridad, le prometo que envidiarás su destino.
Ella liberó a Jace y retrocedido. Podía sentir en el lento goteo de sangre que las uñas habían cortado la cara, agitó sus manos con ira, pero se negó a limpiarse la sangre.

- Imogen, -comenzó Maryse, luego corrigió a sí misma-. Inquisidor Herondale. Está de acuerdo en un juicio por la espada. Usted puede averiguar si está diciendo la verdad.
- ¿Acerca de su padre? Sí. Sé que puedo.- Inquisidor Herondale, de la rigidez de cuello, excavado en su garganta se volvió a mirar a Maryse.
- Usted sabe, Maryse, que la Clave no esta satisfecha con usted y Robert son los guardianes del Instituto. Tuvieron esta suerte. Su registro a través de los años ha sido relativamente limpio. Pocas perturbaciones demoníacas hasta hace poco, y todo ha sido tranquilo en los últimos días. No hay informes, incluso de Idris, por lo que la sensación es indulgente. Tenemos a veces la pregunta de si realmente había rescindido su fidelidad a Valentíne. Como es que el prepara una trampa para usted y cae derecha en la misma. Uno podría pensar que usted sabe más.
- No hay trampa,- interrumpiño Jace- Mi padre sabía que los Lightwoods se encargarian de mi si pensaban que yo era el hijo de Michael Wayland. Eso es todo.
El Inquisidor le miraba como si fuera una cucaracha hablando. - ¿Sabe tu acerca de las aves cuco, Jonathan Morgenstern?
Jace se pregunta si tal vez el Inquisidor, no podía ser un trabajo agradable, ha dejado un poco Herondale Imogen unhinged.
- ¿El qué?
- Las aves cuco,- dijo.- Verá, los cucos son parásitos. Ellos ponen sus huevos en los nidos de otras aves. Cuando el huevo eclosiona, la cria del cuco empuja a las demás crias de ave fuera del nido. Los pobres padres trabajan hasta la muerte tratando de encontrar alimentos suficientes para alimentar a la enorme cria de cuco que ha asesinado a sus bebés y ha tomado su lugar.
- ¿Enormes? -Jace dijo. -¿Acabas de llamarme gordo?"
- Se trata de una analogía.
- No estoy gordo.
- Y yo, - dijo Maryse, - no quiero su pena, Imogen. Me niego a creer que la Clave vaya a castigarme o a mi marido por pretender que aparezca el hijo de un amigo muerto.- Ella cuadrado sus hombros. -No es como si no les decimos lo que estábamos haciendo.
- Y nunca he perjudicado a ninguno de los Lightwoods de cualquier manera,- dijo Jace.- He trabajado duro, entrenado duro y decid lo que quierais acerca de mi padre, pero él hizo de mi un cazado de sombras. Y me he ganado mi lugar aquí.
- No defienda a su padre ante mi,- dijo el Inquisidor.- Lo conocía. Fue-es el más vil de los hombres.
- ¿Vil? ¿Quién dice que fué "vil "? ¿Qué es lo que significa incluso?
El inquisidor del color latigazos rozó sus mejillas, ya que redujo sus ojos, su mirada especulativa.
- Ustedes son arrogantes, -dijo por último.- Así como intolerantes. ¿Su padre le enseñó a comportarse de esta manera?
- No soy él,- dijo en breve Jace.
- Entonces te estás pareciendo a él. Valentíne era uno de los más arrogantes e irrespetuosos hombres que he conocido. Supongo que te enseño hasta ser como él.
-Sí,- dijo Jace, no se ayudó a sí mismo, - yo estaba capacitado para ser un genio del mal desde una edad temprana. Agarrar de las alas a las moscas, el envenenamiento de la tierra del suministro de agua, que me estaba cubriendo cosas en el jardín de infantes. Supongo que fué para todos una suerte que mi padre fingiera su propia muerte antes de que él llegara a enseñarme la violación y el pillaje como parte de mi educación, o nadie estaría seguro.
Maryse dejó salir un sonido muy similar a un gemido de horror.
- Jace
Sin embargo, el Inquisidor fuera quién lo cortó.
- Y al igual que tu padre, puedes mantener la calma,- dijo.- El Lightwoods le han consentido y han dejado que sus peores cualidades campen libremente. Puedes verte como un ángel, Jonathan Morgenstern, pero sé exactamente lo que eres.
- Es sólo un niño, -dijo Maryse.
¿Fue ella en su defensa? Jace miró con rapidez, pero sus ojos eran evitables
- Valentín fué sólo un niño una vez. Ahora, antes de hacer cualquier excavación en torno a que la rubia cabeza para averiguar la verdad, le sugiero que enfrie su temperamento. Y sé que puede hacerlo mejor . Jace parpadearon.
- ¿Me estas mandando a mi habitación?
- Estoy enviandolo a las cárceles de la ciudad silenciosa. Después de una noche allí sospechoso que será mucho más cooperativo.- Maryse aliento
- ¡Imogen-no puede hacer eso!
- Yo puedo.- Sus ojos brillaron, como maquinillas de afeitar.- ¿Tiene algo que decirme , Jonathan?
Jace sólo podía mirar. Hay niveles y niveles de la Ciudad de Silencio, y él había visto sólo los dos primeros, donde se guardaban los archivos y donde los hermanos se sentaron en el Consejo. La cárcel de células estaba en el nivel más bajo de la Ciudad, bajo el cementerio, donde los niveles de miles de cazadores de sombras muertos enterrados, descansado en el silencio. Las células fueron reservadas para el peor de los delincuentes: vampiros, ido deshonestos, brujos que rompieron el Pacto de Derecho, cazadores de sombras que derramarón la sangre de otro. Jace no era ninguna de esas cosas. ¿Cómo podría sugerir incluso el envío de él a ese lugar?
- Muy sabio, Jonathan. Veo que ya está aprendiendo la mejor lección que la ciudad silenciosa que tiene que enseñarle.- La sonrisa del Inquisidor era como una sonrisa del cráneo. - Cómo mantener la boca cerrada.






Clary iba a ayudar a Lucas a limpiar los restos de la cena, cuando el timbre sonó. Se enderezó, mirando a Lucas, parpadeo.
- ¿Esperas a alguien?
Él frunció el ceño, secó sus manos con el trapo de los platos.
- No. Espera aquí.
Ella lo vió coger algo fuera de uno de los estantes cuando salía de la cocina. Algo que centelleó.
- ¿Has visto ese cuchillo?- Simon silbaba, levantándose de la mesa. - ¿Está esperando problemas?
- Creo que siempre esperamos problemas,- dijo Clary, -en estos días.
Ella se asomó por el lado de la puerta de la cocina, vió a Lucas con la puerta delantera abierta. Ella podía oír su voz, pero no lo que estaba diciendo. No molesta el sonido, sin embargo. Simon puso la mano sobre su hombro tirado de su espalda.
- Mantente alejada de la puerta. ¿Qué loco? ¿Qué pasa si hay algún demonio que por ahí?
- Entonces probablemente Lucas podría necesitar nuestra ayuda.
Ella miró hacia abajo a su mano sobre el hombro, sonriendo.
- ¿Ahora me estas protegiendo? Eso es lindo.

- ¡Clary! - Lucas la llamó desde el frente de su habitación. - Ven aquí. Quiero que conozcas a alguien.
Clary acarició la mano Simo y la dejó a un lado.
- En seguida vuelvo.
Lucas estaba apoyado contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados. El cuchillo de su mano ha desaparecido por arte de magia. Una chica estaba en la parte frontal de la casa, una chica con el pelo marrón rizado en varias trenzas y una chaqueta de pana tostado.
- Esta es Maia,- dijo Lucas. - ¿Quién estabas diciendo acerca de?.
La muchacha miró Clary. Sus ojos brillantes bajo el porche tenian una extraña luz ámbar verde. - Tú debes de ser Clary.
Clary admitió que este era el caso.
- Así que el chico con el pelo rubio, que rasgó el Hunter's Moon, él es tu hermano?
- Jace,- dijo en breve Clary, no le gustó la curiosidad intrusiva de la chica.
- ¿Maia?- Dijo Simon, que iba detrás de Clary, empujó las manos en los bolsillos de su chaqueta tejana.
- Si. tu eres Simon, ¿no? Se me olvidan los nombres, pero me acuerdo de ti.
La muchacha sonrió a Clary pasando de él.
- Bien,- dijo Clary. - Ahora todos somos amigos.
Lucas tosió y se enderezó.
- Quería cumplir con las presentaciones de unos a otros porque Maia va a estar trabajando en la librería durante las próximas semanas,- dijo. - Si ves que va de dentro y fuera, no te preocupes. Ella tiene una llave.

- Y voy a mantener un ojo para que no pase nada raro, -prometió Maia. -Demonios, vampiros, lo que sea.
- Gracias,- dijo Clary. -Me siento tan segura ahora.
Maia parpadeó.
- ¿Estás siendo sarcástica?
- Estamos todos un poco tensos,- dijo Simon. - Me siento feliz de un saber que alguien estará por aquí vigilando a mi novia cuando no hay nadie más en casa.
Lucas levantó sus cejas, pero no dijo nada.
Clary dijo, - El justo de Simon. Lo siento, por atacarte
- Está todo bien.- Maia parecía simpática. - Me enteré de lo de tu madre. Lo siento.
- Yo también,- dijo Clary, dio la vuelta y regresó a la cocina.
Ella se sentó en la mesa y se puso las manos en la cara. Un momento después la siguió Lucas. - Lo siento,- dijo. - Creo que no estaban losl ánimos como para satisfacer a nadie.
Clary miró a través de los dedos.
- ¿Dónde está Simon?
- Hablando con Maia,- dijo Lucas, y de hecho Clary podía oír sus voces, como suaves murmullos, desde el otro extremo de la casa.
- Pensé que sería bueno que tubieras un amigo en estos momentos.
- Tengo a Simon.- Lucas empujó sus gafas, copia de seguridad, a su nariz.
- ¿He oído que te llamaba "su novia"?

Ella casi se rió de su expresión desconcertada.
- Creo que sí.
- ¿Es algo nuevo, o es algo de lo que supone que ya sé, pero se me ha olvidado?
- Yo no lo había escuchado antes.
Ella puso sus manos lejos de su cara y miraba. Ella pensó en la runa, el ojo abierto, que adornan la parte de atrás de la mano derecha de cada cazador de sombras.
- Novia de alguien,- dijo. - hermana de alguien, hija de alguien. Todas estas cosas que yo nunca supe que era antes, y que todavía no sé realmente lo que soy.
- ¿No es siempre esa la cuestión?,- dijo Lucas, y Clary oyó cerrarse la puerta en el otro extremo de la casa, y los pasos de Simon acercándose a la cocina. El olor de la noche, el aire frío llegó con él.
- ¿Podria quedarme esta noche?,- preguntó. - Es un poco tarde para irme a casa.
- ¿Sabes que siempre eres bienvenido.- Lucas miró su reloj. - Me voy a dormir un poco. Tengo que estar en pie a las cinco para llegar al hospital sobre las seis.
- ¿Por qué a las seis? - Simon pidió, después que Lucas había salido de la cocina.
- Porque es cuando se inician las horas de visita del hospital,- dijo Clary.- No tienes que dormir en el sofá. No, si no quieres.
- No me importa dormir en el sofa si mañanate hago compañia,- dijo, agitando el cabello oscuro de sus ojos con impaciencia. - No, en absoluto.
- Lo sé. Quiero decir que no tienes que dormir en el sofá si no lo deseas.

- Entonces cuando ...
La zaga de su voz apagada, los ojos detrás de sus gafas.
-Oh.
- Es una cama de matrimonio,- dijo. - En la habitación de huéspedes.
Simon sacó las manos de sus bolsillos. Hubo color en sus mejillas. Jace hubiera tratado de buscar algo fresco; Simon ni siquiera intentarlo.
- ¿Está segura?
- Estoy seguro.- El vino hacia ella en la cocina y, agachandose, besádola ligera y torpemente en la boca. Sonriente, se puso a sus pies.
- Basta con las cocinas,- dijo. - No más cocinas.
Y sugetándola él firmemente por las muñecas, ella estiró de él, fuera de la cocina, hacia la habitación donde dormirian.
5. Los Pecados De Los Padres
La oscuridad de las cárceles de la Ciudad Silenciosa era más profunda que cualquier oscuridad que Jace hubiera conocido. No podía ver la forma de su mano delante de sus ojos, no podía ver el suelo o el techo de su celda. ¿Qué sabía de la celda, que sabía desde el primer vistazo con la antorcha que había tenido, guiado por aquí con un contingente de Hermanos Silenciosos, que han abierto la puerta impedida de la celda para él y lo han acomodado adentro como si él fuera un criminal común.


Por otra parte, eso sea lo que probablemente hayan pensado de él. Supo que la celda tenía un piso señalado de piedra, que tres de las paredes fueron labradas en piedra, y que la cuarta estaba hecha de barrotes de electrum poco espaciado, cada uno de los extremos hundido profundamente en la piedra. Él sabía que había una puerta en los barrotes establecidos. El también supo que una barra metálica larga corría por la pared oriental, porque los Hermanos Silenciosos habían conectado un lazo de un par de puños de plata a esta barra, y el otro puño a la muñeca. Podía subir y bajar la celda unos pocos pasos, zumbando como el fantasma de Marley, pero fue tan lejos como podía ir. Ya había frotado su muñeca derecha áspera tirando irreflexivamente en el puño. Al menos se quedó con las manos en un pequeño punto brillante en la impenetrable oscuridad.No importaba mucho, pero era tranquilizador que su mejor mano de lucha estuviera libre.

Comenzó otro lento paseo a lo largo de su celda, a lo largo de los dedos detrás de la pared como él anduvo. Le ponía nervioso no saber qué hora era. En Idris su padre le había enseñado a decir la hora por el ángulo del sol, la longitud de las sombras de la tarde, la posición de las estrellas en el cielo nocturno.

Pero no hay estrellas aquí. De hecho, había comenzado a preguntarse si vería el cielo de nuevo.Jace paró. ¿Ahora, por qué se había preguntado él eso? Por supuesto él vería el cielo otra vez. La Clave no iba a matarlo. La pena de muerte estaba reservada para los asesinos. Pero el aleteo de miedo se quedó con él, algo menos de su caja torácica, como una extraña inesperada punzada de dolor. Jace no era exactamente propenso a ataques de pánico -Alec habría dicho que podría haberse beneficiado de un poco más en la forma constructiva de cobardía. El miedo es algo que nunca le afectó mucho. Pensó en Maryse diciendo, nunca temiste a la oscuridad.
Es cierto. Esta ansiedad era antinatural, y no como él en absoluto. Tenía que haber más que la simple oscuridad. Tomó otro aliento superficial.

Él sólo tenía que pasar la noche. Una noche. Eso fue todo. Dio otro paso hacia adelante, su manilla que tintinea tristemente.Una buena división del aire, la congelación en sus pistas. Fue un alto, rigiendo ululación, un sonido de puro y terror sin inteligencia. Parece seguir y seguir cantando como una nota de desplumar un violín, cada vez más altos y delgados y más nítida, hasta que fue abruptamente cortado. Jace juró. Sus oídos fueron señales, y el terror que podía saborear en la boca, amarga como el metal. ¿Quién hubiera pensado que había un gusto a temor? Presionando la espalda contra la pared de la celda, dispuesto a tranquilizarse a sí mismo. El sonido fue de nuevo, esta vez más fuerte, y luego hubo otro grito, y otro. Algo se estrelló sobre la cabeza, y Jace se agachó involuntariamente antes de recordar que fue varios niveles por debajo del suelo. Oyó otro estrépito, y una imagen se formó en su mente: las puertas del mausoleo rompiéndose, los cadáveres de los cazadores de sombras centenarios que tambaleaban libres, nada más que esqueletos unidos por tendones secos, arrastrandose a sí mismos en todo el piso blanco de la Ciudad Silenciosa sin carne , dedos huesudos-¡Basta! Con un grito de esfuerzo, Jace forzó la visión lejos. Los muertos no vuelven. Y además, fueron los cadáveres de los Nefilim como él, sus hermanos y hermanas muertos. Él no tenía nada que temer de ellos. Entonces, ¿por qué tuvo tanto miedo? Él apretó sus manos en puños, las uñas clavandose en la palma de su mano. Este pánico fue indigno de él. El lo dominaría. El lo aplastaría. El respiró hondo, llenando los pulmones, así como otro chillido había sonado, éste muy fuerte. El aliento raspó fuera de su pecho como algo chocó fuertemente, muy cercano a él, Y él vio una flor repentina de luz, una fuego-flor caliente que apuñala en los ojos.

El hermano Jeremiah tambaleó en la vista, su mano derecho que agarraba una antorcha de quieto-ardor, su capucha de pergamino retrocedió para revelar una torsión de cara en una expresión grotesca de terror. La boca anteriormente cosida estuvo abierta en un chillido mudo, los hilos ensangrentados de puntadas rotas que balancean de los labios destrozados. Sangre, negra en la luz de las antorchas, salpicó las túnicas. El tomó unos pocos pasos asombrosos adelante, las manos extendidas -y entonces, como Jace miró en la incredulidad total, Jeremiah cayó y se cayó de cabeza al piso. Jace oyó el quebranto de huesos cuando el cuerpo del archivero golpeó el suelo y la antorcha farfulló, rodando fuera de la mano de Jeremías y hacia la cuneta de piedra cortada en el piso justo en las afueras de la puerta de la celda prohibida. Jace fue a las rodillas instantáneamente, estirando lo que la cadena lo permitía, los dedos para alcanzar la antorcha. No podía tocar bastante. La luz fue desapareciendo rápidamente, pero por su brillo menguante él podía ver la cara muerta de Jeremías, la sangre aún goteando de su boca abierta. Sus dientes eran retorcidos talones negros.El pecho de Jace sentía como si algo pesado fuera apretado contra el. Los Hermanos Silenciosos nunca abrieron las bocas, nunca hablaron ni se rieron ni chillaron. Pero que había sido el sonido que Jace había oído, estaba seguro de que ahora los gritos de los hombres que no habían llorado en medio siglo, el sonido de un terror más profundo y potente que la antigua Runa del Silencio. Pero, ¿cómo puede ser? Y dónde estaban los otros hermanos? Jace quería gritar para pedir auxilio, pero el peso estaba todavía en su pecho, presionando. El no podía parecer conseguir suficiente aire. El se lanzó hacia la antorcha otra vez y sintió uno de los pequeños huesos en la muñeca quebrantarse. El dolor disparó su brazo, pero le dio la pulgada adicional que necesitaba. El barrió la antorcha en la mano y se levantó a sus pies. Cuando la llama saltó atrás en vida, él oyó otro ruido. Un ruido de espesor, una especie de feo, arrastrado. El cabello en la parte posterior de su cuello se puso de pie, como agujas afiladas. El empujó la antorcha hacia adelante, la mano que sacudía envíaba golpecitos salvajes del baile de luz a través de las paredes, brillantemente iluminaba las sombras. No había nada allí.En vez de alivio, él sentía su terror intensificarse. El ahora jadeaba succionando aire en grandes corrientes, como si hubiera estado bajo el agua. El temor fue el peor de todos porque era tan desconocido. ¿Que le había sucedido? ¿Había él llegado a ser de repente un cobarde? El dio un tirón duramente contra la manilla, esperando que el dolor vaciaría la cabeza. No lo hizo. El oyó el ruido otra vez, el golpear deslizando, y ahora fue cercano. Hubo otro sonido también, detrás del deslizar, un suave y constante murmullo. Nunca había escuchado ningún sonido tan malo. La mitad de su mente con horror, él tambaleó atrás contra la pared y levantó la antorcha en la mano desenfrenadamente de un tirón. Por un momento, brillante como la luz del día, vio toda la habitación: la celda, la puerta impedida, las losas descubiertas más allá, y el cadáver de Jeremías acurrucado contra el piso. Había una puerta justo detrás de Jeremías. Se abría lentamente. Algo tiró su camino a través de la puerta. Algo enorme y oscuro y sin forma. Los ojos como hielo abrasador, hundido profundo en dobleces oscuros, mirando a Jace con un gruñido de diversión. Entonces la cosa arremetió. Una gran nube de irritante vapor subió arriba en frente de los ojos de Jace como una onda que barre a través de la superficie del océano. Lo último que vio fue la llama de su antorcha canalones verde y azul antes de que fuera tragado por la oscuridad.


Simon fue agradable besando. Fue algo agradable y apacible, como acostado en una hamaca en un día de verano con un libro y un vaso de limonada. Es el tipo de cosa que podías seguir haciendo y no se sentía aburrido o con aprensión o desconcertados o molesto por mucho de todo, excepto el hecho de que la barra de metal en el sofá cama estaba clavandose en su espalda. -Ay, -dijo Clary, tratando de escaparse fuera de la barra y sin éxito. -¿Te lastimé? -Simon se levantó arriba en su lado, pareciendo concernido. O quizás era sólo que sin sus gafas sus ojos parecían dos veces más grandes y oscuros. -No, no tú-la cama. Es como un instrumento de tortura. -No me di cuenta, -dijo en tono pesimista, ya que agarró una almohada del suelo, donde había caído, y que acuñó debajo de ellos. -Tú no. -Ella se rió-. ¿Dónde estabamos? -Bueno, mi cara estaba aproximadamente donde está ahora, pero la tuya estaba mucho más cerca de la mía. Eso es lo que recuerdo, de todos modos. -Que romántico. -Ella le tiró abajo encima de ella, donde equilibraba sobre los codos. Sus cuerpos claramente alineados y que podía sentir el latido de su corazón a través de sus camisetas. Sus latigazos, normalmente oculta tras sus gafas, cepilló la mejilla cuando él se inclinó para besarla. Ella dejó de reír-. ¿Es esto extraño para ti? -Susurró ella. -No. Creo que cuando te imaginas algo con suficiente frecuencia, la realidad parece... -¿Decepcionante? -No. ¡No! -Simon se echó para atrás, mirando con convicción-. No jamás pienses eso. Esto es lo contrario de decepcionante.Es... Las risitas suprimidas burbujearon arriba en su pecho-. Bien, quizá no quieres decir eso, tampoco. Él medio cerraba los ojos, la boca curvándose en una sonrisa-. Bien, ahora quiero decir algo de vuelta para ti sabelotodo, pero todo lo que puedo pensar es ... -Ella le sonrió hacia arriba-. ¿Deseas sexo? -Para. -El agarró sus manos, las sujetó al cubrecama, y miró abajo hacia ella gravemente-. Que Te quiero. -¿Así que no quieres sexo? El soltó las manos-. Yo no dije eso. Ella rió y empujó en el pecho con ambas manos-. Dejame levantarme. Él la miró alarmado-. No quise decir que sólo quiero sexo... -No es eso. Quiero ponerme mi pijama. No puedo hacer nada en serio cuando todavía tengo los calcetines. El la miró doloridamente mientras ella recogió su pijama del tocador y se dirigió al cuarto de baño. Tirando de la puerta cerrada, ella miró hacia él-. Vuelvo en seguida. Lo que dijo en respuesta se perdió al cerrar la puerta. Se cepilló los dientes y luego dejó correr el agua en el fregadero durante mucho tiempo, mirandose a sí misma en el botiquín espejo. Su pelo estaba alborotado y sus mejillas estaban rojas. ¿Que no cuentan como resplandeciente, se pregunta? ¿Las personas enamoradas supuestamente resplandecen, no eran ellos? O quizás era sólo en las mujeres embarazadas, no podía recordar exactamente, pero seguro que se suponía que iba a mirar un poco diferente. Después de todo, esta fue la primera sesión de largo tiempo besando verdadera que ella jamás había tenido -y fue agradable, se dijo, seguro y agradable y cómodo. Por supuesto, que había besado Jace, en la noche de su cumpleaños, y que no había sido segura y cómoda y agradable a todos. Había sido como la apertura de una vena de algo desconocido dentro de su cuerpo, algo más caliente y dulce y más amargo que la sangre. No pienses en Jace, se dijo violentamente, pero mirandose a sí misma en el espejo, ella vio los ojos oscurecer y supo que su cuerpo recordaba incluso si su mente no quisiera. Corrió el agua fría y salpicando a lo largo de su cara antes de llegar por su pijama. Fenomenal, se dio cuenta, que había llevado su pijama con ella, pero no la parte superior. Por mucho que Simon quizás lo aprecie, era pronto para dormir sin la parte superior. Volvió al dormitorio, sólo para descubrir que Simon estaba durmiendo en el centro de la cama, agarrando la almohada como si fuera un ser humano. Ella ahogó una risa.
-Simón ..., -ella susurró -entonces oyó el fuerte sonido de dos tonos, que marcó un mensaje de texto que acababa de llegar a su movil. El teléfono se encontraba doblado sobre la mesita de noche; Clary recogió y vio que el mensaje era de Isabelle. Ella dio la vuelta al teléfono abierto y desplazando a toda prisa el texto. Lo leyó dos veces, sólo para asegurarse de que no eran imaginaciones. Entonces corrió hacia el armario para coger su abrigo.

-Jonathan. La voz habló en la oscuridad: lento, oscuro, conocido como el dolor. Jace parpadeó los ojos abiertos y vio sólo la oscuridad. El tiritó. Él estaba acostado sobre el suelo helado. Debió de haberse desmayado. A su juicio, la furia de una puñalada en su propia debilidad, su fragilidad.El arrolló en su lado, la muñeca rota que late en su manilla-. ¿Hay alguien ahí? -Seguramente reconoceras a tu propio padre, Jonathan. -La voz volvió, y Jace lo supo: su sonido de hierro viejo, su cercano-carente de matiz liso. Trató de luchar a sus pies las botas, pero resbaló en un charco de algo y él patinó hacia atrás, sus hombros de golpe la pared de piedra dura. Su cadena zumbó como un coro móvil de campanillas de acero. -¿Estás herido? -Una luz quemó hacia arriba, quemando los ojos de Jace. El parpadeó quemando lejos las lágrimas y vio la posición de Valentine en el otro lado de los barrotes, al lado del cadáver del Hermano Jeremiah. Una piedra resplandeciente de luz mágica en una mano lanzó un resplandor blanquecino agudo sobre el cuarto. Jace pudo ver las manchas de sangre de los antiguos en las paredes -y la más reciente de sangre, un pequeño lago de la misma, que había derramado Jeremías de la boca abierta. El sentía el estómago irritado y apretado, y el pensamiento de la forma negra sin forma que antes había visto con los ojos como la quema de joyas-. Esa cosa, -que fue estrangulado-. ¿Dónde está? ¿Qué era? -Estás lastimado. -Valentine se acercó a las barrotes-. ¿Quién ordenó que te encerraran aquí? ¿Fue la Clave? ¿Los Lightwoods? -Fue el Inquisidor. Jace miró hacia abajo en sí mismo. Había más sangre en sus pantalones y en su camisa. No podía saber si alguna era suya. La sangre se filtraba lentamente por debajo de su manilla. Valentine lo consideró amablemente por las barrotes. Fue la primera vez en años que Jace había visto a su padre en el traje de batalla verdadero -la ropa gruesa de cuero del cazador de sombras que permitia libertad de movimiento al proteger la piel de la mayoría de las clases de veneno de demonio; el chapado en electrum tirantes en los brazos y las piernas, cada uno marcado con una serie de glifos y runas. Había una amplia correa en el pecho y la empuñadura de una espada relucía por encima de su hombro. El se agachó abajo entonces, poniendo los ojos amoratados frescos en un nivel con Jace. Jace se sorprendió al ver que no había ira en ellos-. El Inquisidor y la Clave son uno y lo mismo. Y los Lightwoods nunca deberían haber permitido que esto sucediera. NYo nunca habría permitido que nadie te hiciera esto. Jace presionó los hombros apoyados contra la pared; fue en lo que respecta a su cadena le permitirá recibir de su padre-. ¿Viniste aquí para matarme? -¿Matarte? ¿Por qué querría matarte?-Bueno, ¿por qué matar a Jeremías? Y no me molesta tragarme alguna historia acerca de cómo acabas de suceder para vagar adelante después de que él se muriera espontáneamente. Sé que hiciste esto. Por primera vez miró hacia abajo de Valentine al cuerpo del Hermano Jeremías-. Yo lo maté, y al resto de los Hermanos Silenciosos también. Tuve que hacerlo. Tenían algo que yo necesitaba. -¿Qué? ¿Un sentido de la decencia? -Esto, -dijo Valentíne, y señaló a la espada de su vaina en el hombro en un rápido movimiento-. Maellartach. Jace se estranguló atrás la boqueada de la sorpresa que rosaba en la garganta. El lo reconoció bastante bien: La enorme, pesada hoja de la espada de plata con el puño en forma de alas extendidas fue el que colgó arriba de las Estrellas Parlantes en el cuarto del consejo de los Hermanos Silenciosos-. ¿Tomaste la espada de los Hermanos Silenciosos? -Nunca fue suya, -dijo Valentine-. Pertenece a todos los Nefilim. Esta es la hoja con que el Angel condujo a Adam y a Eva fuera del jardín. Y él colocó al este del jardín del Edén querubines, y una espada llameante que giraba cada camino, -citó, mirando hacia abajo en la hoja. Jace lamió sus labios secos-. ¿Qué vas a hacer con ella? -Yo te diré eso, -dijo Valentine-, cuando crea que puedo confiar en ti, y sé que tu confias en mí. -¿Confiar en ti? ¿Después de la manera en que te movieras furtivamente por el Portal en Renwick y lo aplastaras tanto que no pudiera después de ti? ¿Y la manera en que trataste de matar a Clary?-Nunca habría herido a tu hermana, -dijo Valentine, con un destello de ira-. Y tampoco te haría daño a ti. -¡Todo lo que has hecho es lastimarme!¡Los Lightwoods son los que me protegen! -Yo no soy el que te cerró aquí. Yo no soy el que te pone en peligro y desconfía de ti. Eso fueron los Lightwoods y sus amigos en la Clave. -Valentine pausó-. Viendo que te gusta esto -la manera en que hemos tratado y, sin embargo, que siguen siendo estoico- estoy orgulloso de ti. En eso, Jace miró arriba en sorpresa, tan rápidamente que sintió una ola de vértigo. Su mano dio un insistente palpitar. Él empujó el dolor y volvió a respirar aliviado-. ¿Qué? -Me doy cuenta ahora de lo que hice mal en Renwick, -Valentine pasó-. Yo te imaginaba como el niño pequeño que dejé atrás en Idris, obediente a cada uno de mis deseos. En su lugar me encontré a un joven testarudo, independiente y valiente, y yo te traté como si aún fueras un niño. No es de extrañar que te rebelaras contra mí. -¿Rebelarme? Yo -Jace apretó la garganta, cortando las palabras que quería decir. Su corazón había comenzado a golpear a un ritmo palpitante en la mano. Valentine siguió adelante-. Nunca he tenido la oportunidad de explicarte mi pasado, que te diga por qué he hecho las cosas que he hecho. -No hay nada que explicar. Tu mataste a mis abuelos. Tuviste a mi madre prisionera. Mataste a otros cazadores de sombras para conseguir tus propios fines. -Cada palabra en la boca de Jace probó como veneno. -Ustedes sólo conocen la mitad de los hechos, Jonathan. Te mentí cuando eras un niño, ya que eras demasiado joven para comprender. Ahora ya eres mayor para que te diga la verdad.-Dime la verdad. Valentine a través de los barrotes de la celda puso su mano en la parte superior de la Jace. La textura áspera y callosa de los dedos se sentía exactamente de la misma manera que cuando Jace había tenido diez años. -Quiero confiar en ti, Jonathan, -dijo-. ¿Puedo? Jace quería responder, pero las palabras no le salían. El sentía el pecho como si una banda de hierro fuera apretada lentamente alrededor de el, cortando el aliento por pulgadas-. Deseo..., -susurró. Un ruido sonó por encima de ellos. Un ruido como el estruendo de una puerta metálica y, a continuación, Jace escuchó pasos, haciéndose eco de susurros de la ciudad de los muros de piedra. Valentine comenzó a sus pies, cerrando su mano sobre la luz mágica hasta que fue sólo un tenue resplandor y él mismo era una sombra ligeramente esbozada-. Más rápid de lo que yo pensaba, -murmuró, y miró hacia abajo a través de los barrotes a Jace. Jace miró por delante de él, pero no podía ver nada, pero la oscuridad más allá de la iluminación débil de la luz mágica. Que atraviesa el pensamiento de la forma oscura que había visto antes, aplastando toda la luz que tiene ante sí-. ¿Qué viene?¿Qué es? -Exigió, escarbando hacia adelante de rodillas. -Debo irme, -dijo Valentine-. Pero nosotros no somos hechos, tu y yo. Jace puso la mano en los barrotes-. Desencadéname. Sea lo que sea, quiero ser capaz de luchar contra eso. -Desencadenarte apenas sería una bondad ahora. -Valentine cerró su mano alrededor de la piedra de luz mágica completamente. Guiñó fuera, hundiendo a la habitación en la oscuridad. Jace se lanzó contra los barrotes de la celda, su mano rota chillaba y protestaba de dolor. -¡No! -gritó-. Padre, por favor. -Cuando te quieras encontrar conmigo, -dijo Valentine-, tu me encontrarás. Y entonces sólo hubo el sonido de sus pasos y la propia respiración rasgada de Jace como él se desplomó contra los barrotes.


En el paseo del metro exterior Clary se encontró incapaz de sentarse. Ella fue de un lado para otro del vagón casi vacío, sus auriculares de iPod que balanceaban alrededor del cuello. Isabelle no había atendido el teléfono cuando Clary llamó, y un sentimiento irracional de preocupación había roído en el interior de Clary. Ella pensó en Jace en el Hunter's Moon, cubierto de sangre. Con los dientes descubiertos en enredar ira, él había mirado más como un hombre lobo que un cazador de sombras a cargo de proteger a humanos y mantener a los subterráneos en la línea. Ella salió del metro subiendo por las escaleras en la parada de la Noventa con la Sexta, sólo ralentizando a una caminata cuando ella se acercó a la esquina donde el casco del Instituto asomaba como una sombra gris inmensa. Había hecho calor abajo en los túneles, y el sudor en la nuca picaba fríamente cuando ella avanzó arriba la caminata concreta agrietada a la puerta principal del Instituto. Ella llegó al enorme tirador de hierro que cuelga del arquitrabe, entonces dudó. ¿No era ella una cazadora de sombras? Tenía derecho a estar en el Instituto, tanto como los Lightwoods. Con una oleada de resolución, ella agarró el asidero de la puerta, tratando de recordar las palabras que Jace había dicho-. En el nombre del Angel, yo... La puerta se abrió en una oscuridad estrellada por las llamas de docenas de velas diminutas. Cuando ella apuró entre los bancos, las velas parpadearon como si se rieran de ella. Ella alcanzó el ascensor y sonó la puerta metálica cuando cerró detrás de ella, apuñalando los botones con un dedo que temblaba. Ella quería disminuir su nerviosismo -¿Estaba preocupada ella por Jace, se preguntó, o se preocupó solo por ver Jace? Su cara, enmarcada por el cuello levantado de su abrigo, parecía muy pequeña y blanca, sus ojos grandes y de color verde oscuro, sus labios pálidos y mordidos. No bastante con todo, ella pensó en la consternación, y forzó el regreso del pensamiento. ¿Qué importa lo que ella pensara? Jace no se cuidó. Jace no podría cuidarse. El ascensor sonó cuando llegó a un tope y Clary empujó la puerta abierta. Iglesia la esperaba en el vestíbulo. El la saludó con un contrariado maullido. -¿Cuál es el problema, Iglesia? -Su voz sonaba poco natural fuerte en la tranquila sala. Se preguntó si había alguien aquí en el Instituto. Tal vez sólo ella. El pensamiento la arrastró-. ¿Hay alguien en casa? El persa azul le dio la espalda y se dirigió por el pasillo. Pasaron la sala de música y la biblioteca, todo vacío, antes de que Iglesia girase otra esquina y se sentara delante de una puerta cerrada. Bien, entonces. Aquí estamos, parecía decir su expresión. Antes de que ella pudiera llamar, la puerta se abrió, revelando a Isabelle de pie en el umbral, descalza en un par de pantalones vaqueros y un suéter violeta suave. Ella comenzó cuando vio Clary-. Me parece haber oído que alguien viene por el pasillo, pero no pensé que fueras tú, -dijo. ¿Qué estás haciendo aquí?Clary la miraba-. Me enviaste un mensaje de texto. Diciendome que el Inquisidor tiró a Jace en la cárcel. -¡Clary! -Isabelle miró hacia arriba y hacia abajo por el corredor, mordiendose el labio-. No significaba que vinieras aquí a la carrera en este momento. Clary quedó horrorizada-. ¡Isabelle!¡Cárcel! -Sí, pero -Con un suspiro derrotado, Isabelle se paró aparte, hizo gestos a Clary para entrar en su habitación-. Mira, tu también quizás entres. Y ahuyentale, tu, -dijo, agitando una mano a Iglesia-. Haz guardia en el ascensor. Iglesia le dio una mirada horrorizado, echó abajo su estómago, y se fue a dormir. -Gatos, -murmuró Isabelle, y cerró de golpe la puerta. -Oye, Clary. -Alec se sentaba en la cama deshecha de Isabelle, con sus pies que balanceaban sobre el lado-. ¿Qué estás haciendo aquí? Clary se sentó en el taburete acolchado en frente de la mesa gloriosamente desordenada de vanidad de Isabelle-. Isabelle me mandó un mensaje. Ella me dijo lo que le pasó a Jace. Isabelle y Alec intercambiaron una mirada-. Oh, vamos, Alec, -dijo Isabelle-. Pensé que ella debía saberlo. ¡No sabía que iba a llegar hasta aquí a las carreras! El estómago de Clary dio bandazos-. ¡Por supuesto que iba a venir!¿Está bien?¿Por qué hizo el Inquisidor que lo arrojaran en la cárcel? -No es exactamente la cárcel. Está en la Ciudad del Silencio, -dijo Alec, sentado con la espalda recta y tirando una de las almohadas de Isabelle a través del regazo. El escogió ociosamente en el margen bordado con cuentas cosido a sus orillas.-¿En la Ciudad del Silencio? ¿Por qué? Alec dudó-. Hay celdas bajo la Ciudad del Silencio. Mantienen los delincuentes antes de deportarlos hacia Idris para ser sometidos a juicio ante el Consejo. La gente que realmente ha hecho cosas malas. Asesinos, vampiros renegados, cazadores de sombras que rompen los Acuerdos. Ahí es donde está Jace ahora. -¿Encerrado con un grupo de asesinos? -Clary estuvo en pie, ultrajada-. ¿Qué pasa con ustedes?¿Por qué no les molesta más? Alec e Isabelle intercambiaron otra mirada-. Es sólo por una noche, -dijo Isabelle-. Y no hay nadie allá abajo con él. Le preguntamos. -Pero, ¿por qué? Jace ¿Qué hizo? -El contestó al Inquisidor. Eso fue, por lo que sé, -dijo Alec. Isabelle encaramada a sí misma en el borde de la mesa de la vanidad-. Es increíble. -Entonces el Inquisidor debe ser un loco, -dijo Clary. -Ella no es, en realidad, -dijo Alec. ¿Si Jace estuvo en su ejército mundano, piensas que a él le sería permitido contestar a su superior? No, en absoluto. -Bueno, no durante una guerra. Pero Jace no es un soldado. -Pero todos somos soldados. Jace tanto como el resto de nosotros. No hay una jerarquía de mando y el Inquisidor se encuentra cerca de la cima. Jace se encuentra cerca de la parte inferior. Tendría que haberle tratado con más respeto.-Si estás de acuerdo en que debería estar en la cárcel, ¿por qué me pediste que viniera?¿Sólo para estar de acuerdo contigo? No veo el punto. ¿Qué quieres que haga? -Nosotros no dijimos que él debe estar en la cárcel, -Isabelle chasqueó-. Así que no debería haber hablado de nuevo a uno de los miembros de rango más alto de la Clave. Además, -añadió en una pequeña voz-, pensé que tal vez podrías ayudar. -¿Ayudar? ¿Cómo?-Te lo dije antes, -dijo Alec-, la mitad de las veces parece que Jace está tratando matarse, él tiene que aprender a mirar por sí mismo, y eso incluye la cooperación con el Inquisidor. -¿Y tú crees que le puede ayudar a hacer lo que hacemos? -dijo Clary, la incredulidad de coloreó su voz. -No estoy seguro de que cualquiera puede hacer a Jace hacer nada, -dijo Isabelle-. Pero creo que se le puede recordar que él tiene algo para vivir. Alec miró hacia abajo con la almohada en la mano y le dio un tirón repentino salvaje a la franja. Isabelle sacudió bolas fuera de la manta, como una ducha de lluvia localizada. Isabelle frunció el ceño-. Alec, no. Clary quiso decirle a Isabelle que ellos eran la familia de Jace, no ella, que sus voces llevarían más peso con él que la suya. Pero ella se mantuvo oyendo la voz de Jace en la cabeza, diciendo, Nunca sentí que yo pertenecía a ninguna parte. Pero tu me haces sentir que pertenezco-. ¿Podemos ir a la ciudad silenciosa y verlo? -¿Vas a decirle que coopere con el Inquisidor? -exigió Alec.Clary consideró-. Quiero oír lo que tiene que decir en primer lugar. Alec dejó caer el despojó de almohada en la cama y se paró, frunciendo el entrecejo. Antes de que pudiera decir nada, hubo un golpe en la puerta. Isabelle se desenganchó de la mesa de la vanidad y fue a contestar. Era un pequeño niño de cabello oscuro, los ojos medio ocultos por gafas. El llevaba vaqueros y un chandal demasiado grande y llevaba un libro en una mano-. Max, -dijo Isabelle, con cierta sorpresa-, pensé que estabas durmiendo. -Yo estaba en la sala de armas, -dijo el muchacho -que tenía que ser el hijo más joven de los Lightwoods-. Pero hubo ruidos procedentes de la biblioteca. Creo que alguien podría estar tratando de ponerse en contacto con el Instituto. -Él miró en torno a Isabelle a Clary-. ¿Quién es esa? -Esa es Clary, -dijo Alec-. Ella es la hermana de Jace. Max redondeó los ojos-. Pensé que Jace no tenía hermanos o hermanas. -Eso es lo que todos pensamos, -dijo Alec, recogiendo el jersey que había dejado colgado en una de las sillas de Isabelle y extrayendo sus propias conclusiones. Su cabello rayaba alrededor de su cabeza como un suave halo oscuro, con cortes de la electricidad estática. Él empujó de nuevo con impaciencia-. Mejor voy a la biblioteca. -Vamos a ir los dos, -dijo Isabelle, cogiendo su látigo de oro, que fue torcido en una reluciente cuerda, fuera de un cajón deslizante y el asa a través de su correa-. Tal vez ha sucedido algo. -¿Dónde están tus padres? -preguntó Clary.-Ellos fueron llamados hace algunas horas. Un duende fue asesinado en Central Park. El Inquisidor fue con ellos, -explicó Alec. -¿No queriais ir? -No se nos invitó. -Isabelle serpenteó sus dos trenzas oscuras arriba encima de su cabeza y atascó el rollo de pelo con un pequeño puñal de vidrio-. Cuida de Max, ¿quieres? Volvemos en seguida. -Pero, -protestó Clary. -Volvemos inmediatamente. -Isabelle salió como una flecha en el pasillo, Alec sobre sus talones. En el momento en que la puerta cerraba detrás de ellos, Clary se sentó en la cama y con aprensión consideró a Max. Ella nunca había pasado mucho tiempo cerca de los niños -su madre nunca le dejó ser niñera- y ella no estaba realmente seguro de cómo hablar con ellos o qué les puede divertir. Ayudó un poco que este chico le recordaba a Simón a esa edad, con sus brazos y piernas delgadas y las gafas que parecían demasiado grande para su cara. Max volvió su mirada con un breve examen de su propia, no tímido, pero reflexivo y contenido-. ¿Qué edad tienes? -dijo finalmente. Clary fue sorprendida-. ¿Qué edad crees que tengo? -Catorce. -Tengo dieciséis, pero la gente siempre piensa que soy más joven porque soy baja. Max asintió-. Yo también, -dijo-. Tengo nueve, pero la gente siempre cree que tengo siete.-Te ves nueve para mí, -dijo Clary-. ¿Qué es lo que tienes? ¿Es un libro? Max llevó su mano detrás de su espalda. El tenía un libro en rústica ancho y plano, acerca del tamaño de uno de esas pequeñas revistas que venden en los mostradores de las tiendas de ultramarinos. Este tenía una cubierta de brillantes colores con kanji japonés bajo palabras en inglés. Clary rió-. Naruto, -dijo-. Yo no sabía que te gustase el manga. ¿De dónde sacaste eso? -En el aeropuerto. Me gustan las fotos pero no puedo averiguar cómo leerlo. -Aquí, dame. -Ella lo echó al aire abre, mostrandole las páginas-. Tienes que leer hacia atrás, de derecha a izquierda en lugar de izquierda a derecha. Y lee cada página a la derecha. ¿Sabes lo que eso significa? -Por supuesto, dijo Max. Por un momento Clary se preocupó por si le había molestado. Parecía bastante satisfecho, sin embargo, cuando tomó el libro de vuelta y vuelta a la última página-. Este es el número nueve, -dijo-. Creo que debo recibir los otros ocho antes de leerlo. -Eso es una buena idea. Tal vez puedas conseguir a alguien que te lleve a Midtown Comics o Planeta Prohibido. -¿Planeta Prohibido? Max pareció desconcertado, pero antes de que Clary pudiera explicarle, Isabelle irrumpió por la puerta, claramente sin aliento. -Fue alguien intentando ponerse en contacto con el Instituto, -dijo, antes de que Clary preguntara-. Uno de los Hermanos silenciosos. Algo que ha sucedido en la Ciudad de Huesos. -¿Qué clase de algo?-No lo sé. nunca he oído hablar a los Hermanos Silenciosos antes pidiendo ayuda. -Isabelle estaba claramente angustiada. Ella se dirigió a su hermano-. Max, ve a tu cuarto y quédate ahí, ¿de acuerdo? Max tensó la mandíbula-. ¿Tú y Alec salen fuera? -Sí. -¿A la Ciudad del Silencio? -Max... -Quiero ir. Isabelle sacudió la cabeza, la empuñadura de la daga en la parte trasera de su cabeza brillaba como un punto de fuego-. Absolutamente no. Eres demasiado joven. -¡No tienes dieciocho! Isabelle giró a Clary con una mitad de mirada de ansiedad y mitad de desesperación-. Clary, ven aquí un segundo, por favor. Clary se levantó, preguntandose -Isabelle la agarró por el brazo y la extrajo a la salida de la habitación, cerró la puerta detrás de ella. Hubo un ruido sordo cuando Max se lanzó en contra de ella-. Maldita sea, -dijo Isabelle, sosteniendo el pomo-, ¿puedes agarrar mi estela para mí, por favor? Está en mi bolsillo... Precipitadamente, Clary tuvo fuera la estela que Luke le había dado más temprano esa noche-. Usa la mia. Con unas pocas pinceladas rápidas, Isabelle había tallado una runa de bloqueo en la puerta. Clary todavía podía oír las protestas de Max del otro lado como que Isabelle dio un paso lejos de la puerta, haciendo una mueca, y le entregó a Clary su estela-. No sabía que tuvieras una.-Era de mi madre, -dijo Clary, entonces mentalmente se reprendió a sí misma. Es de mi madre. Es de mi madre. -Huh. -Isabelle golpeó en la puerta con un puño cerrado-. Max, hay algunos PowerBars en el cajón de la mesilla, si te da hambre. Volveremos tan pronto como podamos. Hubo otro grito de indignación tras la puerta, con un encogimiento de hombros, Isabelle se dio la vuelta y se apresuró hacia abajo por el pasillo, Clary a su lado-. ¿Qué dice el mensaje? -exigió Clary-. ¿Así que hay problemas? -Que hubo un ataque. Eso es todo. Alec estaba esperando fuera de la biblioteca. Él vestía de cuero negro con la armadura sobre su ropa de cazador de sombras. Los guanteletes protegian su armamento y las Marcas rodeaban la garganta y las muñecas. Cuchillos serafin, cada una el nombre de un ángel, brillando en el cinturón alrededor de su cintura-. ¿Estás lista? -dijo a su hermana-. ¿Está a cargo de Max? -Él está bien. -Ella tenía fuera su armamento-. Marcame. Cuando Alec trazó las pautas de runas por la espaldas de las manos de Isabelle y el dentro de las muñecas, él echó un vistazo a Clary-. Probablemente deberías volver a casa, -dijo-. No querrás estar aquí por ti misma cuando el Inquisidor vuelva. -Quiero ir con vosotros, -dijo Clary, las palabras habían salido fuera antes de que ella las pudiera parar. Isabelle tomó uno de sus manos apoyadas en Alec y sopló en la piel Marcada como si ella refrescara un café demasiado caliente-. Suenas como Max. -Max tiene nueve. Soy la misma edad que tu.-Pero no tienes formación, -sostuvo Alec-. Acabaras siendo un incordio. -No, no lo haré. ¿Alguno de ustedes ha estado alguna vez en el interior de la Ciudad del Silencio? -exigió Clary-. Sé cómo entrar. Sé cómo llegar sin ayuda alrededor. Alec se enderezó, poniendo su estela a distancia-. No creo... Isabelle le cortó-. Ella tiene un punto, en realidad. Yo creo que debe venir si quiere. Alec miró sorprendido-. La última vez que tuvimos que afrontar un demonio, ella se encogió y gritó. -Clary vio el brillo ácido, él le disparó una mirada llena de disculpas-. Lo siento, pero es la verdad. -Creo que necesita una oportunidad de aprender, -dijo Isabelle-. ¿Sabes lo que siempre dice Jace? A veces, no tienes que buscar el peligro, a veces el peligro te encuentra a ti. -No me puedes bloquear como se hizo con Max, -añadió Clary, y vio con resolución el debilitamiento de Alec-. No soy un niño. Y sé donde esta la Ciudad de Hueso. Puedo encontrar mi camino sin ti. Alec alejó agitando la cabeza y murmurando algo acerca de las chicas. Isabelle tuvo fuera una mano para Clary-. Dame tu estela, -dijo-. Es tiempo de que consigas algunas Marcas.

6. Ciudad De Cenizas
Finalmente, Isabelle le hizo a Clary sólo dos marcas, una en la parte de atrás de cada mano. Uno de ellas era el ojo abierto, parte de la decoración de cada cazador de sombras. Los otros dos se cruzaron como hoces;
Isabelle le explicó que era una Runa de Protección. Tanto pronto la estela tocó la piel, las runas quemaron pero el dolor desapareció al momento. Clary y Isabelle, encabezadas por Alec se hicieron con un taxi. En el momento en que llegaron a la Segunda Avenida y salió a la calle, Clary sintió las manos y los brazos con la luz como si estuviera usando alas en una piscina de agua.

Los tres de ellos fueron silenciosos, ya que pasaron bajo el arco de hierro forjado y por el Cementerio de mármol. La última vez que había ido Clary a este pequeño patio había sido siendo guiada por el Hermano Jeremías.

Ahora, por primera vez, reparó en los nombres esculpidos en las paredes: Youngblood, Fairchild, Thrushcross, Nightwine, Ravenscar.

Había junto a ellos unas runas. En la cultura de los cazadores de sombras, cada familia tenían su propio símbolo: El de los Waylands era un martillo del herrero, los Lightwoods "una antorcha, y una estrella de Valentíne". La hierba creciá enredándose en los pies de la estatua del Ángel que estaba en centro del patio.

Los ojos del Angel estaban cerrados, con sus manos delgadas cerradas sobreel tallo de una copa de piedra, una reproducción de la Copa Mortal. Su rostro impasible de piedra, estaba rayado con la suciedad y mugre. Clary dijo,

-La última vez que estuve aquí, el Hermano Jeremías utilizó una runa en la estatua para abrir la puerta de la ciudad.
-No quisiera utilizar un Silencio de los Hermanos y sus "runas", -dijo Alec. Su rostro era sombrío. -Deben de haber notado nuestra presencia antes de llegar hasta aquí. Ahora me estoy empezando a preocupar.

Tomó una daga de su cinturón y llamó la hoja de la misma a través de su desnuda palma.

Se hizo un corte y la sangre resbaló por el cuchillo. A continuación puso el puño sobre la Copa de piedra, permitiendo el goteo de sangre en él.
-La sangre de los Nefilim-, dijo. -Se debe trabajar como el elemento clave.
La piedra se movió abriendo los párpados del angel. Por un momento casi Clary espera para verle los ojos vivos entre los pliegues de piedra, pero sólo hay más
granito. Un segundo después, la hierba alrededor de los pies del Ángel comenzó a moverse. Una línea torcida negra, ondeó como la palma de una serpiente, curvada lejos de la estatua, Clary saltó como volviendo apresuradamente a la realidad viendo el oscuro agujero abierto a sus pies. Ella miró hacia abajo allí mismo. Unas escaleras llevaban más lejos de las sombras.
La última vez que había estado allí, la oscuridad había sido iluminada a intervalos por antorchas, iluminando los pasos. Ahora sólo había negrura.
-Algo está mal,- dijo Clary.
Ni Isabelle Alec Ni parecían dispuestos a discutir. Clary tomó la esfera de Jace que le había dado de su bolsillo. Ráfagas de luz atravesaron la oscuridad, a través de la propagación sus dedos.
-Vamos.- Dijo Alec reforzandose frente a ella.
-Voy yoprimero, y luego me sigues. Isabelle, hasta la parte trasera.

Ellos treparon lentamente, la humedad de las botas de Clary redondeaba sus pasos. Al pie de las escaleras había un corto túnel que llevaba a una sala enorme, con una entrada piedra blanca de arcos con piedras semipreciosas. Filas de mausoleos acurrucadas en las sombras como las casas setas de un cuento de hadas. Cuanto más se alejaban de ellas desaparecieron en la sombra, la luz no era fuertemente suficiente para iluminar toda la sala. Alec miró sombriamente a lo lejos las filas.
- Nunca pensé que podría entrar en la Ciudad de silencio -, dijo. -Ni siquiera en la muerte.

-Yo no estaría tan triste al respecto,- dijo Clary. - El Hermano
Jeremías me contó lo que hacen a sus muertos.Los queman y utilizar la mayoría de las cenizas para la ciudad de mármol.
- La sangre y hueso de demonios asesinos es en sí misma una poderosa protección contra lo malvado. Incluso en la muerte, la Clave sirve a la causa.
-Hmph, dijo Isabelle. - Es considerado un honor. Además, no es como en tú mundo
mundano que queman sus muertos.
-Pero eso no lo deja de hacer, dijo Clary pensando.

El olor de las cenizas y el humo pesado colgado en el aire, le parecieron familiares desde la última vez que estuvo aquí, pero existía algo más que subyacía en los olores, era más pesado, espeso hedor, como fruta pudriéndose. Frunció el ceño como si oliera demasiado, Alec tomó una de sus hojas ángel de su cinturón de armas.
-Arathiel-, susurró, y su resplandor se sumó a la iluminación de Clary de su esfera iluminando hasta la segunda escalera y de repente descendió la más densa oscuridad. La esfera empezó a iluminar intermitentemente en la mano de Clary muriendo como una estrella, se preguntaba si la lúgubre piedra se quedó alguna vez se sin de poder, al igual que las linternas se quedan sin baterías. Ella no esperó. La idea se hundió en la oscuridad en ese escalofriante lugar llenando una terror visceral. El olor de la podredumbre de fruta, creció más fuerte llegando al final de la escalera y se encontraron en otro largo túnel. Estaba abierto en un pabellón rodeado de agujas de hueso tallado, un pabellón que Clary recordaba muy bien.
Incrustaciones de plata estrellas rociaban el suelo como confeti preciosos.

El centro del pabellón era como un cuadro negro. Líquido oscuro estaba agrupado en su superficie y goteando manchas en el suelo en riachuelos. Clary había visto, cuando estuvo anteriormente de lo del Consejo de los Hermanos, que ha había una gran espada de plata que colgaba en la pared detrás de la mesa. La espada no estaba ahora, y en su lugar, a través de manchas de la pared, había un gran charco de escarlata.
-¿Eso es sangre?- Isabelle susurró. No tomó sonido, sólo aturdido.
- Eso parece-. Alec escaneaba con los ojos la sala. Las sombras eran tan espesa como pintura, y parecía llena de movimiento. Empuñaba apretadamente su cuchillo Seraph.
- ¿Pero que ha podido suceder?- dijo. - Pensaba que los hermanos silenciosos eran indestructibles ...
Clary intentó alumbrar más, como resultado, la luz salida de su mano proyectaba sombras extrañas entre las agujas. Uno de ellas era de las formas era mas extrañas que el resto. Ella quiso alumbrar aún mas, enviando una porción de luz en la distancia. En una de las agujas, había un cuerpo muerto de los hermanos silenciosos, como de si un gusano se tratará en un gancho. Sus manos, adornadas de sangre, colgadas por encima del piso de mármol. Miró su cuello roto. Había sangre en común debajo de él, coagulada y negra. Isabelle suspiró.
-Alec. ¿lo estas viendo?.
- Lo veo-. La voz de Alec era sombría. - He visto peores. Jace me empieza a preocupar.

Isabelle fue hacia adelante y tocó el cuadro de basalto negro, sus dedos comprobando la superficie. Era casi la sangre fresca.
- ¿Qué pasó, esto no ocurrió hace mucho tiempo -. Alec se trasladó hacia el cadáver del hermano
cadáver. Manchas marcadas llevadas desde lejos de la piscina de sangre en el suelo.
- Huellas-, dijo. -Alguien en movimiento-. Alec indicó con una mano para que las chicas debían seguir. Lo hicieron, Isabelle sólo hizo una pausa limpiando sus manos ensangrentadas sobre su pierna suave de cuero.

El camino de huellas llevaba desde el pabellón hasta un estrecho túnel, desapareciendo en la oscuridad. Cuando Alec se quedó parado, mirando alrededor de él, Clary pasó empujándole con impaciencia, dejando un camino de luz delante de ellos con la esfera de llama de un color blanco plateado. Ella podía ver un conjunto de puertas dobles al final del túnel, que estaban entreabiertas. Jace. De alguna manera, tenía la sensación de que él estaba cerca.

Ella despegó a medio plazo, sus botas sonaban en voz alta contra el suelo duro. Isabelle se enteró después de su llamada y, a continuación, Alec y Isabelle se pusieron en camino, duro en sus talones.
Ella irrumpió a través de las puertas al final de la sala y se encontró en un gran sala de piedra atravesada por una fila de barras de metal que se hundían profundamente en el terreno. Clary podía hacer que una cayerá sobre la forma otro lado de las barras.

Justo allí había la forma de un hermano silencioso. Clary supo inmediatamente que estaba muerto. Era la forma en que estaba puesto, al igual que una muñeca que había sido torcidas sus articulaciones durante el camino equivocado hasta que se rompió.
Sus túnicas de color fueron media arrancada. Su rostro marcado, contorsionado en un aspecto de absoluto terror, seguía siendo reconocible. El Hermano Jeremías. Ella empujó el pesado cuerpo a la puerta de la celda. Se hizo con espacio entre las barras. No parecía que hubiera algo que lo bloqueará o un mando del que pudiera tirar. Ella escuchó a Alec, detrás de ella, decir su nombre, pero su atención no estaba en
él: Sino en la puerta. Por supuesto no había manera visible de abrirla, se dio cuenta, los Hermanos no se ocupa ban en lo que era visible, sino más bien en lo que no.

Utilizó una estela en una mano, y la de la madre en la otra. Desde el otro lado de las barras vino un ruido. Una especie de grito sordo o susurro, que no estaba segura de que era, aunque reconoció la fuente. Jace.

Ella reducida en el puerta de la celda con la punta de su estela, tratando de mantener con la runa
la puerta abierta en su mente a pesar de que parecía, negro irregulares contra
el metal duro. El rayos eléctricos donde la estela tocado.

Abierto, la puerta cedió, abierto, abierto, abierto! Un ruido como una rasgadura de tela se propagó por medio de la habitación. Isabelle escuchó gritar a Clary cuando voló las bisagras de la puerta, rompiendo en la célula como una caída de puente levadizo. Clary puede escuchar otros ruidos, el metal desligandose, un fuerte ruido como un puñado de guijarros. Ella entró en la habitación. La luz de la esfera llenó la pequeña habitación, la iluminación era tan brillante como el día. Apenas había notado las filas de manacles-todos de diferentes metales: oro, plata, acero y hierro, ya que vinieron de atrás los tornillos en las paredes y sonaron con estrépito en el suelo de piedra. Sus ojos
se desplomaron sobre la figura de la esquina, podía ver el el pelo brillante, la mano extendida. Su muñeca desnuda y sangrienta,la piel señalada con feos moratones.

Ella se puso de rodillas, el tener su estela al lado, y suavemente le alumbraron más. Era Jace. Allí
había otro moretón en la mejilla, y su rostro era muy blanco, pero podía ver el movimiento bajo su párpados. Una vena con pulso en su garganta. Él estaba vivo.

El socorrerlo pasó por ella como una ola caliente, deshaciendo los apretados cables
de tensión que había celebrado su juntos este largo. El esfera cayó al suelo a su lado, en la que siguió con fuego. Acarició a Jace el pelo de atrás de la frente con una ternura que jamas había sentido y ajena a la de cualquier hermanos o hermanas, incluso primo.
Ella nunca tuvo la oportunidad de curar las heridas o dar un beso de rasparse las rodillas o cuidar de alguien, de verdad.

Pero todo le llevaba a sentir ternura hacia Jace como esta, a su juicio,
dispuesto a sacar su mano de nuevo, incluso en los párpados de Jace se veía la crispación y el sufrimiento. Era su hermano, ¿por qué no le iba a importar lo pasó con él? Sus ojos se abrieron. Eran enormes, con las pupilas dilatadas.

¿Tal vez tenía un golpe en la cabeza? Sus ojos fijos en ella con una mirada de
aturdimiento y perplejo.
-Clary-, dijo. -¿Qué estás haciendo aquí?
-Yo te vine a buscar-, dijo, porque era la verdad. Un espasmo fue a través de su rostro.
-¿Estas realmente aquí? No estoy muerto, no lo estoy?
-No -, dijo, deslizó su mano por la cara de Jace.
-Perdiste el conocimiento, eso es todo. Es probable que ocurra en tu cabeza también.-

Su mano se acercó a ella cuando se encontraba en su mejilla.
-Vale la pena,- dijo en voz tan baja que no era seguro de que lo hubiera dicho, después de todo.
-¿Qué pasa?- dijo Alec, llegando a través de
el bajo umbral, con Isabelle justo detrás de él. Clary echó su mano
atrás, entonces maldijo a sí misma en silencio. Ella no estaba haciendo nada malo. Jace luchó por sentarse. Su rostro era gris, su camisa manchada con sangre. Alec le dirigió una mirada de preocupación.

- ¿Estas bien? -exigió, poniendose de rodillas.- ¿Qué pasó? ¿Lo recuerdas? - Jace miraba ileso su mano. Una pregunta a la vez, Alec.
- Siento mi cabeza como si se fuera abrir en dos.
- ¿Quién te hizo esto? - Isabelle sonaba tanto desconcertada como furiosa.
- Nadie hizo nada para mí. Me lo hice a mi mismo tratando de quitarme las esposas.

Jace miró hacia abajo en la muñeca, la cuál parecía como si hubiera raspado casi todos la piel de ella.
- Aquí-, dijo Alec y Clary al mismo tiempo, llegando a su lado. Sus ojos se reunieron, y Clary bajó la mano primero.
Alec se apoderó de la muñeca de Jace y la señaló con su estela, señaló una runa de curación-sólo
por debajo de la pulsera de la piel sangrado.
-Gracias-, dijo Jace, dibujo su parte trasera. La parte lesionada de su muñeca ya se había
empezado a curar.
-Hermano Jeremías.
-Está muerto- dijo Clary .
-Lo sé-. Alec dijo otras palabras para ofrecerle asistencia, Jace tiró de si mismo a una posición, utilizando la pared para llegar hasta él. -Fue asesinado.
-¿Los Hermanos Silenciosos matan a otros?- preguntó Isabelle - No entiendo, no entiendo
por qué lo iban hacer.
-No -, dijo Jace. -Algo les mató. No sé el qué. -Un espasmo de dolor le hizo retorcer su rostro- Mi
cabeza.

- Quizás deberíamos irnos,- dijo Clary nerviosamente. - Antes de que los que los mataron ...
-Vengan de nuevo para nosotros? -dijo Jace. Miró hacia abajo en su camisa y moretones en su sangrienta mano. -Creo que se ha ido. Pero supongo que podría traerlos de vuelta .
- ¿Quién podría poner lo que de nuevo? -Alec exigió, pero Jace no dijo nada. Su rostro había pasado de gris a blanco de papel. Alec lo atrapó cuando comenzó a deslizarse por
la pared.
-Jace.
- Estoy bien-, Jace protestó, pero la mano de Alec se apoderó de la manga herméticamente. -Yo puedo caminar.
-Si esperas que me parezca bien que estés usando una pared hasta que llegues a casa. Esa no sería mi definición de "estar de pie".
--Es inclinado-, le dijo Jace.
-Inclinado viene justo antes de estar de pie.
- Stop peleas-, dijo Isabelle, pateando una antorcha rociada en su camino. -Tenemos que conseguir salir de de aquí. Si hay algo ahí fuera lo suficientemente malo para matar a
los Hermanos de silenciosos, van a hacer un corto trabajo con nosotros.

-Izzy esta bien. Tenemos que irnos. - dijo Clary recuperando la esfera y se levantó.
-Jace-¿estás bien para caminar?
- Él puede apoyarse en mí.- señaló Alec a con el brazo de Jace en sus hombros. Jace apoyado en gran medida en su contra.
-Vamos,- dijo Alec suavemente.
Poco a poco se fueron hacia la puerta de la celda, donde Jace hizo un pausa, mirando hacia abajo a la figura del Hermano Jeremías retorcido sobre el pavimento. Isabelle se arrodilló y cogió la capucha marrón del Hermano del Silencio hasta cubrir su cara contorsionadas. Cuando ella se enderezó, todos sus rostros eran graves.

-Nunca antes he visto a un Hermano silencioso con miedo, -dijo Alec.- No me parecía
posible que existiera algo que hicieran sentir miedo.
-Todo el mundo siente miedo. -Jace estaba todavía muy pálido, y aunque él estaba lesionado con su mano contra su pecho, Clary no creyó que se debiera a problemas de dolor físicos. Miró a distancia, como si él se hubiera retirado en sí mismo,
escondiendose de algo.

Rememorados sus pasos a través de la oscuridad los pasillos y hasta los estrechos pasillos que les llevaron al pabellón de la Estrellas. Cuando llegaron a él, Clary observó el espesor de aroma de la sangre y quema, ya que antes cuando pasaron no había. Jace, que se apoyaba en Alec, miró a su alrededor con una especie de horror y confusión que se mezclaron en su rostro. Clary vio que fue mirando a la pared hasta donde fue salpicado densamente con sangre, y ella dijo,
- Jace. No mires- . Entonces se sintió estúpida, él era un demonio cazador, después de todo, había visto cosas peores. Él sacudió la cabeza.
-Algo se siente mal.
-Todo se siente mal aquí - dijo Alec inclinando la cabeza hacia el bosque de arcos que daban lugar lejos del pabellón. -Esa es la manera más rápida de salir de aquí.
Vamos.

Ellos no hablaron mucho, hicieron su camino de regreso a través de la ciudad. Cada sombra parecía un aumento con movimiento, como si las criaturas de la oscuridad oculta estuvieran a la espera de saltar en ellos. Isabelle fue susurrando algo bajo su aliento.
Clary aunque no podía oír las mismas palabras, sonaba como otro idioma, algo viejo, latín, tal vez.

Cuando llegaron a las escaleras que conducían fuera de la ciudad, Clary respiraba un silencioso suspiro de alivio. La Ciudad de huesos podría haber sido hermosa una vez, pero era aterradora ahora. Ya que llegó a la último vuelo de pasos, la luz en sus ojos filtrandose, haciendola llorar con sorpresa. Ella podía ver ligeramente la estatua del ángel que se situaba a la cabeza de la escalera, iluminada de oro con luz brillantes, brillante como el día. Ella miró en torno a los demás, ya que parecía como que se sentía confundida.
- El sol no podría haber aumentado aún ,podría? -Isabelle murmuró.-¿Cuánto tiempo hemos estado allí? -Alec comprobado su reloj. -No fue tanto tiempo.- Jace murmuró algo, demasiado bajo para que nadie más lo escuchará.
Alec preguntó confuso. -¿Qué?Cómo has dicho?
- Esferas -, dijo Jace, más fuerte esta vez.

Isabelle subió a prisa por las escaleras, detrás de ella ,Clary, Alec sólo detrás de ellas, luchando por medio de hacer a Jace llevar los pasos.

En la entrada de las escaleras Isabelle detuvo de repente como si estuviera congelada. Clary la llamó, pero ella no se movió. Un momento más tarde fue Clary de pie a su lado y fue a su vez, mirando a su entorno con asombro. El jardín estaba lleno de veinte Cazadores de sombras, tal vez treinta de ellos en la oscuridad caza REGALIA, entintadas con las marcas, cada una realizada con una piedra ardiente esfera.

Al frente del grupo estaba Maryse, con una negra armadura y manto de Cazador de Sombras armadura y un manto. Detrás de ella había decenas de extranjeros, hombres y mujeres que
Clary no había visto nunca, pero que tenían las marcas de los Nefilim en
sus brazos y rostros. Uno de ellos, un apuesto hombre de piel de ébano,se le quedó mirando a Clary e Isabelle, y al lado de ella, en Jace y Alec, que habían llegado hasta
los pasos y se puso a parpadear en la inesperada luz.
-Al el Ángel -, dijo el hombre.- Maryse ya había alguien
ahí
Maryse con la boca abierta en un grito mudo cuando vio a Isabelle. Luego cerró, apretando sus labios en una fina línea blanca, como una barra de tiza dibujado en el rostro.
-Yo lo sé, Malik -, dijo.- Estos son mis hijos.

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